Jesús Ernesto García Hernández

Escritor, catedrático y traductor. Licenciado en Lengua y Literatura de Hispanoamérica por la Universidad Autónoma de Baja California. Maestro en Literatura Mexicana por la Universidad de Guadalajara. Autor del libro de cuentos Concentralia. Ha participado en diversas antologías de cuento y poesía.

 

¿Cómo llega la poesía a tu vida?

Es un poco difícil acordarme con exactitud qué edad tenía, pero recuerdo muy bien que el primer libro de poesía que leí completo fue Las flores del mal, de Baudelaire. Todavía recuerdo haberme maravillado por algunos de los poemas que expresaban una tremenda fuerza y un ímpetu rebelde. Quizá porque yo también estaba en mi etapa adolescente y esa misma rebeldía parecía hablarme a mí directamente, aunque pienso que en mayor o menor medida a todos nos ha pasado que algún poema parece hablarnos únicamente a nosotros. En general, a partir de ahí seguí mi interés por otros autores, poemas, empecé también a enterarme, con cierta sorpresa, que algunos de mis amigos leían poesía, de modo que fui relacionándome no solo con la poesía, sino con quienes se atrevían a escribirla.

 

¿Qué has comunicado a través de la poesía a lo largo de tu vida?

Considero que hay un tema que siempre me ha interesado desde que empecé a escribir poemas: la unión. Pensar que todos nos unimos de alguna manera, ya sea por medio de nuestras emociones, sentimientos, experiencias o lo que llamamos amor, sea lo que sea esto para cada quién. Sigo pensando que en gran parte algo que motiva mi escritura, de manera global, es la hipótesis de que nuestras similitudes son más grandes que nuestras diferencias. Para mí, y para muchos otros poetas antes que yo, la poesía es ese vínculo que por medio de la palabra podemos decir lo indecible. A veces pienso que por eso la poesía parece difícil para algunas personas, porque los buenos poemas siempre buscan ir más allá de lo que dicen, más allá de los significados: buscan unir nuestras experiencias.

¿Consideras que la filosofía cabe dentro de la poesía? ¿Por qué?

Sí, pero con ciertas reservas. Trataré de explicarme por qué. Las preguntas que por antonomasia se ha hecho la filosofía también se la han hecho los poetas. En la antigua Grecia había una relación intrínseca entre los filósofos y la creación poética; ahí está la poética de Aristóteles, aunque sea en general un análisis de cualidades creativas y un tratado de estética. Fuera de esas consideraciones, muchos de los poemas que más han removido mis ideas han tenido un trasfondo filosófico o han presentado cuestiones profundas por resolver. Por otra parte, hace poco leí un artículo donde un escritor español, de cuyo nombre no quiero acordarme, comenta que la poesía no “tiene la obligación de ser filosófica.” Es cierto, pero pasa como con otras producciones escritas, las cuales no tienen la obligación de ser un tratado filosófico, pero agregan un valor intelectual y un goce estético más profundo cuando lo son. En resumen, pienso que hay mucho de filosófico en la poesía, pero ningún poema tiene la “obligación” de ser filosofía. En más de una ocasión ha pasado que nos encontramos con mucha profundidad en la sencillez o, por el contrario, muy poco sentido en lo complejo.

 

¿Encuentras un vínculo entre la poesía y la docencia?

En mi caso parece algo muy obvio porque doy clases de creación poética en la universidad, jajaja. Aunque en general creo que son dos cosas que van de la mano. Un buen poema nos enseña algo, nos dice que nuestra experiencia no se reduce a la individualidad, ni a las relaciones mínimas que nuestra vida podríamos crear. Un poema también es una lección sobre distintas formas de expresarnos, y no me refiero exclusivamente a las cualidades del lenguaje y figuras retóricas, sino más bien al tema que traté anteriormente sobre esa forma figurada de “ir más allá”, de hacer el intento de sobrepasar nuestros propios límites creativos, de pensar de una manera diferente o simplemente, como dijo Eliseo Alberto: “Solo el poeta es capaz de ver en un par de zapatos los pies del hombre.”

¿Qué relación identificas entre la poesía escrita actualmente con el momento histórico y social que vivimos?

Es una pregunta algo difícil para mí. Primero, porque no conozco tanta poesía actual o de los autores emergentes; segundo, porque la experiencia y el análisis de la literatura nos ha enseñado que este tipo de conocimientos vienen después de que suceden los procesos. Es muy arriesgado aventurarnos a decir que tal autor es el mejor o que alguna propuesta será la mejor revelación estética de una época. Hay ejemplos históricos de propuestas que no trascendieron.

Pero bueno, en mi nada humilde opinión, pienso que la poesía actual está haciendo lo mismo que ha hecho en otras épocas, expresar el espíritu y el sentir de las generaciones. Se abordan las mismas temáticas de la humanidad y los temas que siempre nos han fascinado, como el amor, el dolor o la muerte, pero desde una sensibilidad contemporánea, abierta a otras manifestaciones del lenguaje, con otros ritmos, con otras preocupaciones y otras perspectivas.

Pienso que nuestro momento histórico es bastante irónico, aunque no creo haber sido yo el que lo ha adivinado. Estamos más comunicados que en ningún otro momento de la humanidad y también estamos más divididos. Las identidades están divididas y nuestras “verdades” parecen cada vez más relativas. También pienso que la poesía contemporánea nos ofrece otro testimonio de eso mismo, que todos nos sentimos rezagados por capitalismo rampante y la política groseramente corrupta que nos gobierna, pero que a todos nos preocupa el amor, el dolor y la muerte. Por eso sigo pensando que nuestras similitudes son más grandes que nuestras diferencias.

¿La poesía puede escribirse en la academia literaria?

Justo hace unas cuantas clases reflexionaba eso con un grupo de mis alumnos sobre cuál es la poesía académica. Yo me preguntaba dónde están las academias de poesía. Técnicamente no existen. Pero en algunas universidades se ofrecen talleres de composición de poesía, además de que hay varias instituciones que también ofrecen dichos talleres creativos. Históricamente la producción poética ha sido individual o por las llamadas generaciones a las que han pertenecido algunos poetas, aunque muy pocos poemas son conocidos por ser obras colectivas. A lo que me refiero es que la poesía y la academia no están peleadas, solo que en muchas ocasiones los programas de literatura no han sido desarrollados para impulsar la actividad creativa, sino para el análisis y la difusión. Aunque cada vez más se abren programas en universidades que promueven la creación, la profesionalización de escritores. Quizá debo agregar que estos programas están más vinculados a la narrativa, novelas, cuentos, guiones, porque no conozco ninguno que se haya enfocado completamente a la poesía.

¿Qué podrías rescatar de la poesía mexicana de los siglos XX y XXI?

La poesía del XX fue muy cambiante. En la historia de la literatura no se habían dado tantas propuestas y evoluciones de las corrientes estéticas como en ese siglo. Algo que me gusta rescatar del XX es justamente ese espíritu rebelde. Hasta parece que en cada década encontramos algo nuevo, alguna propuesta diferente y una manera nueva de escribir. Respecto a autores, son demasiados para hacer una lista.

Ahora bien, respecto al XXI, considero que todavía es muy pronto para decirlo. Se siguen realizando obras y los autores siguen experimentando. De lo poco que alcanzo a percibir, y esto es una hipótesis solamente, es que la búsqueda de nuevo lenguaje vuelve a ser relevante.

¿Cómo identificar un buen poema?

Ay, para esta pregunta tengo una anécdota más que una respuesta. Cuando era adolescente, quizá a los 17 o 18 años, leí el poema “No es que muera de amor”, de Jaime Sabines. Me pareció lo más cursi y meloso que había leído en mi vida. No me gustó. Luego, unos cuantos años después, nos tocó leer ese poema en la universidad y vimos sus cualidades estéticas, el ritmo, las nociones de un neorromanticismo. Me gustó porque entendí su valor literario y sus características estéticas, pero no porque sintiera algo al leerlo. Años después, en un giro del destino y de la vida, me encontré profundamente enamorado de una mujer. En un momento de arrebato de pasión (y no lo digo exagerando, de verdad me sentía explotar de emociones) le leí el poema a ella, ahí, en voz alta y con lágrimas en los ojos. Sabía que ella no iba a quedarse conmigo, pero no me importaba, porque en ese momento yo moría de amor que, al fin y al cabo, también era vivir de amor.

Mi conclusión de esta anécdota es que a veces los poemas no nos van a decir su contenido a la primera, porque no podemos empatizar con ellos. Es cierto, y mis maestros de la academia me dirían que estoy cometiendo una traición al análisis literario, jajaja. A lo que me refiero es que después de haber estudiado diferentes estilos, formas, propuestas y teorías, al final considero que el mejor poema es el que nos habla a nosotros mismos, el que nos hace unirnos con las ideas del poeta, pero también con las emociones y sentimientos que han movido a todo el mundo desde tiempos inmemoriales.

¿La poesía es para todos?

Sí, por supuesto. A veces la poesía nos rodea de maneras que ni pensamos o de las cuales no estamos plenamente conscientes. Hay mucha poesía en las canciones populares, en las series y en las películas. He leído novelas con un ritmo increíble, mucho mejor que el de ciertos poemas. Pensamos que la poesía solo viene en el formato de versos y de una métrica en particular, pero la historia nos ha demostrado que ha sobrevivido de maneras diversas y en expresiones muy distintas. Pienso algo muy parecido a lo que dije en la parte anterior, quizá esperamos leer ese “poema” que nos mueva a amar la lectura de la poesía, cuando a veces ya hemos descubierto la poesía en otras manifestaciones que nos hacen gozar estéticamente de ciertas obras, aunque nos hayan dicho que esos no son poemas.

¿Cómo comenzar a leer poesía?

Obviamente funciona de maneras distintas para cada persona. A veces uno simplemente tiene que buscar los temas con los que siente identificado y buscar autores que sean afines a eso. Otras veces ayudan las recomendaciones de amigos o de maestros, también de la cultura popular en citas de canciones o películas. Como comentario al margen, muchos consideran que algunos autores ya están gastados o son demasiado “comerciales”, pero por algo están en el imaginario colectivo y en el canon. Si las personas todavía pueden encontrar sentidos y significados en ellos, pues, ¿por qué no leerlos? A mí me sigue gustando Edgar Allan Poe, los simbolistas franceses y algunos poemas de los Siglos de Oro españoles.

¿Qué poeta recomiendas para comenzar a leer poesía?

Mi respuesta en esta se parece bastante a la anterior. No podría recomendar a algún autor para empezar, pero quizá puedo hacer lo contrario, decir con quiénes no empezar. Empezar con autores que suelen identificarse como “difíciles” o “rebuscados”. Para un lector principiante eso es desalentador. La mayoría de las personas van a encontrar un freno inmediato a la comprensión y se van a sentir “incultos” o “ignorantes”. Desgraciadamente tienen razón. No lo digo por ofender, sino porque a veces la intención de ciertos poetas es retar el intelecto, pero también construir algo nuevo a partir del camino ya explorado por la tradición. A lo mejor peco de relativismo y de gustos demasiado eclécticos, pero considero que casi cualquier poema es bueno para iniciar mientras nos hable directamente a una experiencia con la que nos identifiquemos.

¿Un docente puede enseñar a escribir poesía o es algo que estudiante deberá desarrollar por sí solo?

Considero que la labor del docente en ese sentido no es otra más que la de enseñar estilos, tradiciones, formas y propuestas estéticas, de ahí en más no creo que alguien pueda enseñar a nadie a escribir poesía; incluso me atrevo a ser más categórico: no creo que nadie nos pueda enseñar a escribir. Punto. Alguna vez lo dije en uno de mis talleres: yo puedo mostrarles el camino y ciertas pautas de redacción, pero jamás podré enseñarle a nadie a ser creativo ni a ser sensible. Podemos dar herramientas, guías y ejercicios de imaginación, pero el trabajo creativo es individual, depende de la sensibilidad de cada persona y de su capacidad de imaginar distintas formas de expresión.

¿Cuál es la importancia de transmitir a través de la poesía?

Como ya dije, pienso que la poesía es una forma particular de la imaginación. Es la palabra que busca ser otra cosa diferente que lenguaje, algo más allá de la experiencia individual, algo que trasciende nuestros sentidos. La poesía es este vehículo de imaginación que todavía poseemos para maravillarnos y sentir que “el pan vuelve a saber”, por citar un poema. Más allá de si creemos que la poesía tiene valor o no, desde mi punto de vista seguirá siendo una forma de expresión humana que nos hace unirnos, que nos muestra una vez más que somos capaces de disfrutar “el olvidado asombro de estar vivos.”