Maija Awi es una pieza  audiovisual creada por Pepe Mogt, que se presentó por primera vez el  21 de noviembre del año 2020 en el CEART de Tecate, Baja California. La obra está elaborada en formato autocinema y su debut se realizó en el afamado festival de música electrónica Mutek. Además, en esta obra participan artistas como Ernesto Aello en los visuales, y Carlos Leyva en iluminación, guiados bajo la visión creativa de Mogt y Ejival.

A través de  ritmos electrónicos, la luz y el color, “Maija Awi” revela el paisaje, el pulso y la belleza única de La Rumorosa. Una experiencia visual y sonora donde se unen la tierra y el cielo. Esta pieza construye un ensamblaje sonoro interconectado a los estratos de varios tiempos y espacios que transitan desde la tierra, al cielo, entre los cactus, las cajas de ritmos y los cables.  Un viaje de transición que deriva entre el entramado de la naturaleza emanando su más secreta expresividad. Sin lugar a dudas, esta pieza es un ritual, que traza una búsqueda a partir de la remembranza, y por qué no, de la enseñanza y pedagogía de una cultura raíz en Baja California.

Un regalo para la humanidad en tiempos de coronavirus, donde la mayoría de las maquinarias virtuales, saturan y desgastan nuestra vida reproduciendo imágenes decadentes. Imágenes, que, paradójicamente en lugar de ser una cura existencial en estos tiempos tan precarios, sólo refuerzan más el escenario catastrófico. En este contexto, entonces, resulta crucial recuperar el poder del arte como medicina. Y es aquí, donde esta pieza sonora-visual hace su debut a partir de distintas variaciones que emergen desde el mar, los sonidos, y cascabeles sonoros.

La múltiple biodiversidad de Baja California es un tema poco explorado desde una perspectiva estética. Qué mejor inicio que un atardecer como esa pedagogía del mirar en la que tanto insiste Han, es decir, un enfoque centrado en otras latitudes, que sea capaz de captar paisajes disensuales más allá del cliché de la frontera.

Una mirada insubordinada que contempla las olas deleuzianas al minuto 3:31. La carretera, el vértigo de las curvas, los tráileros y su viaje ante la peligrosa carretera. A la vez, la bondad tecnológica de poder ampliar los sentidos desde varios horizontes que coexisten: luz, tierras, plantas desérticas, carreteras. La vida de un migrante cruzando, las curvas y los vientos.

El enigma de la tierra y esas piedras perfiladas que denotan la huella de muchos tiempos. La vida espiritual a través de la majestuosidad de las rocas blancas: “Yo acepto, ve a tu casa y yo llegaré, alista todo, despeja el camino, hagan una ramada, pero no vayan centro de ella. Luego, esperen mi llegada”.

Los cambios del tiempo en el 9:14 se pliegan al regalo de un sol recién nacido. Una plegaria en tiempos pandémicos, luego, el romero, la sábila silvestre, hormigas, bifurcaciones. Plantas medicinales y música electrónica. 13.36 otro tiempo imágenes sobre devenires: la desconexión y el misterio de la noche desértica.

Otro cambio 11:56. Se abre otra puerta, otro aprendizaje. Ruinas abandonadas vestigios de una memoria eterna, excavar en todos los sonidos secretos de esta península desértica que hace mil años fue agua océano brebaje y sanación.  Canto de cuervos o lechuzas y el mar a lo lejos (sonido). Exploración metafísica, lenguaje musical.

La luz es ámbar y la figura humana -Pepe Mogt- aparece a mitad del camino junto con el cimarrón animal emblemático de estas tierras.  A los 20 minutos, otra brujería extraña nos sorprende: monolitos espejos reflejos, el viento en los matorrales, un ritual como si Mogt estuviera en una iniciación en medio del desierto. Antropoceno, humanos y no humanos.

La tecnología y las pantallas en el año 2020 viajando y mostrando varias temporalidades a la vez. Pinturas rupestres y hombres modernos. Pero, ¿seguimos siendo salvajes? o nunca hemos sido modernos, como bien meditó Bruno Latour. 22:51 la noche roja y la celebración logra emular cortes de cielos y nubes de la mañana que aparecen en la noche. La espuma la sal la arena. Lejos de cualquier lógica de la denuncia, aquí la transgresión es belleza.

21:50 luna nueva las pinturas rupestres el pueblito el kiosco la intervención. La neblina y un cielo rosa en la noche. Una terapéutica digital en pieles de kiu mai.  28:26 lo rupestre en el siglo XXI como una iniciación pitagórica.  Luna llena 34:23 la vía láctea y las pinturas rupestres ¿un concierto en medio de la nada? Los cables, la máquina otra vez, van cerrando con las olas y la neblina del mar: “De aquí vino todo el saber, conocimiento y el poder de los cantos”.

Finalmente hay que decir, que sumergirse en esta experiencia artística denota un acontecimiento de interrupción, que resiste ante la organización sensible del orden policial y de lo mismo. Si el arte es medicinal como bien señaló Deleuze, y también disenso en palabras de Ranciére, esta pieza recupera una estética sublime más allá de la pereza sensorial de la posmodernidad. Abrirse siempre al infinito, buscar la belleza, salirse del tiempo laboral, del tiempo robado, la vida es un ritual, Byung Chul Han y Maija Awi, pedagogía de lo ancestral.

 

Karla Villapudua