MSc. Daniel Alberto Sicerone

CONICET – UBA

 

En las últimas semanas ha aparecido la noticia de que el filósofo transexual Paul B. Preciado participa de una campaña publicitaria denominada At home de Gucci, en la cual se invita a varias personalidades para que reflexionen acerca de la diversidad corporal y las disidencias sexuales. La presencia de Preciado en la campaña publicitaria fue comprendida como una contradicción inherente a cualquier pensador contemporáneo que se encuentra tensado por las reflexiones acerca del afuera de la subjetividad con la propia dinámica social del mundo que habitamos. Las contradicciones son siempre una fuente inagotable que permite trascender las críticas en nombre de una tensión no resuelta, conmovida por múltiples factores, demostrando ser una determinación más de la impureza del habitar humano. Este ha sido el argumento de aquellos que reverencian al pensador español, intentando salvar su figura y su teoría en función de que dicho gesto ha sido un equívoco más, una especie de Dummheit heideggeriano pero a menor escala (en la apariencia). Nuestra posición es que no se ha tratado de ningún error o contradicción, sino la efectivización de aquello que estaba ya contenido bajo la noción de potencia.

Para poder comprender este fenómeno, basta remitirnos a los orígenes de los movimientos sociales que en la década de los años ochenta resistían a las crisis de la pandemia del SIDA, pandemia que devastaba las comunidad LGBT, afroamericana, chicana, etc. Es decir, era una pandemia que venía a sostenerse sobre la precariedad existencial de unas corporalidades que se encontraban al margen de las políticas públicas, hasta el punto que los primeros cocteles de antivirales tenían un precio exageradamente alto para que las personas en situación de exclusión pudieran pagarla. Un ejemplo concreto podemos verlo en la película Dallas Bullers Club, donde un cowboy americano ante el padecimiento de la enfermedad comienza un movimiento estratégico que termina generando un agenciamiento entre los grupos vulnerables afectados por la enfermedad. Otra de las películas que representan la crisis de los ochenta ha sido Un corazón normal donde se puede apreciar como el gobierno norteamericano desfinanciaba las investigaciones en los posibles medicamentos que permitieran combatir la enfermedad, así como también muestra cómo la comunidad homosexual neoyorquina se auto-organizaba para afrontar la ausencia del Estado.

Ambas películas dan cuenta de un fenómeno político que expresaba la organización y despliegue de un agenciamientos de sujetos que frente al Estado y el mercado se organizaban en función de expandir sus potencias vitales. En la década de los ochenta y comienzos de los años noventa han surgido dos movimientos que en la jerga deleuziana podemos identificarlos como moleculares o micropolíticas: estos movimientos se llamaron ACT-UP y Queer Nation. Ambos movimientos comenzaron a utilizar el adjetivo de queer que hasta el momento estaba revestido de un carácter meramente negativo, es decir, se usaba como un adjetivo descalificativo que tuvo varias definiciones según el momento histórico. A partir de la segunda mitad del siglo XX se había comenzado a utilizar dicho término para descalificar aquellas identidades sexuales que no se correspondían con la norma heterosexual, siendo una de las traducciones posible al español bajo la palabra de “raro”, “desviado”. Lo que hicieron estos movimientos fue vaciar ese contenido negativo a partir de una mutación del sentido interno del término en favor de un concepto que representaba el orgullo. Por ello, estos movimientos se consideraban a sí mismo como movimientos queers, y tenían como objetivo el acceso a medicamentos gratuitos para solventar la enfermedad del SIDA, la crítica de la alianza entre el Estado y las farmacéuticas, así como también la abolición de todo tipo de discriminación para la comunidad LGTB.

Pero en el año 1990, en la Universidad de California, se llevó a cabo un evento académico del cual fueron parte Haraway, Halperin, Grosz y De Lauretis, entre los principales participantes. El año posterior, la filósofa italiana Teresa de Lauretis compiló en la revista Differences algunas de las participaciones del evento, escribiendo una introducción donde daba origen a la Teoría Queer. Este acontecimiento se lo considera como el mito fundacional de la Teoría Queer, ya que es la primera aparición del término en el ambiente académico. Esto fenómeno, del cual unos años más tarde De Lauretis se arrepentirá, representa una forma de expropiación de la negatividad que estaba revestida por los agenciamientos colectivos y el programa político que defendían los movimientos moleculares que se movilizaron en la década de los ochenta y al comienzo de la década de los noventa. De Lauretis llamó a este fenómeno como la criatura conceptualmente vacía de la industria cultural, ya que la misma se desplegó dentro de un marco de indeterminación radical, ya sea en su método, así como en el objeto de estudio. Siguiendo las advertencias de Andalzúa, lo queer funcionó como un concepto paragua que homogeneizaba las diferencias dentro del propio movimiento LGBT.

Paul B. Preciado, quien se iniciara dentro de la Teoría Queer en los años noventa y a principio del siglo XXI expusiera su teoría en su famoso libro Manifiesto contra-sexual, ha sido uno de los principales exponentes teóricos post-proceso de asimilación por parte de la academia del concepto queer. Preciado innova dentro de los estudios de la Teoría Queer a partir de la crítica al sujeto performativo de Butler en pos de una consideración prostética de la subjetividad y la corporalidad. En la dimensión política que Preciado piensa como forma de resistencia ya no está el sujeto colectivo que hacía parte de los movimientos moleculares mencionados, sino que la dimensión política es la dimensión del individuo que se re-apropia de las tecnologías de género en función de desplazar el sentido común en favor de una transgresión de lo que considera la producción material de la heterosexualidad obligatoria. El ámbito de acción es el cuerpo individual dentro de la sociedad de control donde la relación entre la corporalidad y los dispositivos de poder se ve trasmutada por una lógica donde son los cuerpos quienes tragan al poder.

Siempre sus reflexiones se han visto arropadas por una prédica anticapitalista, ya que concebía en el sistema capitalista la condición necesaria de las opresiones de género, aunque veía dentro de su despliegue material la posibilidad de que el individuo se re-apropie de la tecnología de género en función de transgredir a la aparente naturaleza que dichas tecnologías producen sobre el cuerpo. En este sentido, hay una coincidencia entre la desontologización de la sexualidad que Preciado ubica en la re-apropiación de las tecnologías de género, y aquel fenómeno propio del despliegue del capital por la historia: la desontologización de toda identidad en función de un proceso de mayor homogeneización. En este sentido, la Teoría Queer desde la perspectiva de Preciado no tiene ningún rasgo anticapitalista, porque responde a las propias determinaciones del capital en su proceso de mutación que ha venido experimentando las últimas décadas bajo la ideología de la multiculturalidad, es decir, el reconocimiento de la diversidad borrando las diferencias estructurantes del resto de las diferencias. La diversidad de la que habla la multiculturalidad es una diversidad que no pone en peligro la estabilidad del sistema capitalista, sino que representa una determinación propia del capital en su fenomenología por la historia.

En este sentido, que Preciado haya participado de la campaña de Gucci no representa una contradicción de un supuesto espíritu anticapitalista que estuviera presente dentro de su filosofía política, sino todo lo contrario: resulta ser una forma de hacer transparente o en sentido hegeliano una efectivización real de una potencia contenida dentro de los límites de la posibilidad aún no realizada. Resulta ser importante la participación de Preciado porque hace transparente que la Teoría Queer es una ideología capitalista, que tiene sus condiciones de posibilidad y emergencia en el capitalismo contemporáneo: individualista y proclive hacía el transhumanismo. Frente a aquellos que quieren salvar una actitud anticapitalista dentro de la filosofía política de Preciado les aconsejamos una lectura profunda de dicha obra en relación a su imposibilidad de transgresión del horizonte de inteligibilidad que comparte con otras estéticas políticas capitalistas. Usando la jerga lacaniana podemos decir que al igual que le grand-autre n´existe pas, la contradicción n´existe pas.