Hackeando la frontera

 

En el crepúsculo del sábado 18 de noviembre del 2017 hackeamos la frontera. Desde nuestra posición en el lado mexicano del bordo internacional México – Estados Unidos en la colonia Las Torres, en Tijuana, proyectamos grafiti de luz desde la línea internacional hacia los ocho prototipos del muro fronterizo del presidente Donald Trump. Cada uno tenía más de 9 metros de altura y parecían pantallas de un autocinema. Nos invitaron a intervenir. Éramos un grupo de artistas y activistas, y nuestra acción performativa tuvo la intención de intervenir los 45 metros de la “tierra de nadie” de la frontera internacional, así como participar en la absurda comedia política del muro de Trump.

Desde el lado mexicano, utilizamos una lámpara de teatro para proyectar mensajes e imágenes en las pantallas de concreto. Los mensajes que proyectamos “Bienvenidos a los refugiados” y “nadie es ilegal” son icónicos, así como lo son los valores que en los Estados Unidos existen para defender conceptos de libertad, el predominio de la legalidad, la recepción de refugiados, el valor de los derechos humanos. Otros diseños que se proyectaron, jugaron con la construcción de la ilegalidad y la criminalidad asociada con cruzar la frontera. Por ejemplo un diseño mostraba un hombre brincando el muro con el mensaje “¡Llegale!” un juego de las palabras “ilegal” y “llegar.” Una escalera gigante y una figura del luchador Blue Demon se burlaron de la retórica y postura del poder representada en los grandes prototipos de muro de concreto de más de 9 metros.

La posición desde donde proyectamos, en México, literalmente reflejó la misma expulsión de las voces disidentes del discurso político estadounidense: el público no tiene derecho de expresar sus críticas en el sitio de los prototipos del lado norteamericano. El Departamento de Policía de San Diego, mandó cercar los más de seis mil metros que rodean los prototipos, anticipando las protestas que pudieran suscitarse durante su construcción y hasta el día de hoy no hay acceso al público sin permiso o guía de la patrulla fronteriza. Así como los refugiados e inmigrantes a los que aludimos en nuestros mensajes proyectados, los valores estadounidenses están ahora bajo la amenaza de expulsión por parte del gobierno y su aparato de seguridad fronteriza que juegan con el miedo y la xenofobia, y operan bajo el supuesto que eso es lo correcto.

Como espectáculo, y como teatro político, los prototipos del muro fronterizo de Trump fueron de muchas maneras el símbolo perfecto de una presidencia que opera a través del drama y la distracción para volver al público estadounidense en espectadores pasivos. Nuestra acción entró en escena, utilizando la teatralidad para problematizar y reconfigurar las relaciones de poder que la administración de Trump ha utilizado para dividir a la población, brutalizar y silenciar a sus críticos.

Nuestro gesto juguetón encajó perfectamente en el espectáculo de la construcción oficial y prueba de los prototipos del muro de Trump. La acción tenía la intención de revelar el proyecto por lo que era, un teatro político. Utilizamos el arte para lograrlo. Utilizamos proyecciones de luz basándonos en el trabajo de las artistas contemporáneas feministas, Barbara Kruger y Jenny Holzer y el uso de la estética publicitaria en el espacio público. Situada en la infraestructura fronteriza más costosa del mundo, la intervención clarificó las contradicciones de la militarización de la frontera: gastos multimillonarios en materiales, edificación, y la última tecnología en vigilancia, pudieron ser desafiados por la simplicidad de ondas de luz pasando sin esfuerzo a través de la atmósfera. La obra evoca conceptual y visualmente la pieza de Alfredo Jaar ‹‹The Cloud››, en la cual miles de globos blancos fueron soltados en la frontera de Estados Unidos y México en Playas de Tijuana/San Diego, en memoria de los migrantes quienes habían muerto diez años atrás tratando de cruzar la frontera. Así mismo, la pieza revierte las dinámicas de poder de la protesta suscitada a principios de los 90, llamada ‹‹Light Up the Border››, cuando los protestantes antinmigrantes y racistas en el condado de San Diego, usaron las luces de sus autos para iluminar el lado mexicano de la frontera a manera de exponer a los que cruzan por ahí. Utilizamos luz en nuestro proyecto para exponer la frontera como un aparato del poder estatal y usamos una lámpara y un proyector, herramientas de teatro, para mostrar que nuestras voces y gestos como artistas se constituyen adentro del mismo engranaje del poder que busca callarnos.

Arte en la zona de seguridad

El proyecto, como una intervención de sitio específico, estuvo determinado formalmente y dirigido por el espacio en el cual la luz grafiti fue proyectada. De hecho, todo se trataba acerca del espacio. Por definición, el arte de sitio específico reta nuestra idea convencional de lo que es el arte. ‹‹El apego del arte a la realidad de la ubicación››, menciona Miwon Kwon presenta nuevos imperativos y uno de los más importantes es, cuestionarse la manera en cómo el arte hace significado, ‹‹reubicando el sentido desde el interior del objeto de arte, hacia las contingencias de su contexto›› (Kwon 12). Kwon dice que ‹‹una tendencia predominante en el arte de sitio específico en los últimos veinte años, ha sido el surgimiento de prácticas de arte ligadas al mundo exterior y de la vida cotidiana, buscando “una cultura de crítica en espacios no artísticos, en instituciones no artísticas y de temas no artísticos (de hecho, difuminando la línea entre el arte y el no-arte)”›› (24).  Vale la pena considerar entonces con qué tipo de espacio estamos lidiando en la zona de seguridad fronteriza y como las intervenciones del arte dan nuevos significados a la frontera.

La filósofa Chantal Mouffe define el espacio público como ‹‹el campo de batalla donde distintos proyectos hegemónicos se confrontan sin posibilidad alguna de reconciliación›› (Mouffe, 2007, p. 10).  Una revisión breve de los proyectos en la región fronteriza Estados Unidos-México del siglo pasado, muestra el antagonismo entre Estado-nación y los nacionalistas relacionados, entre proyectos de identidad y globalización capitalista y la apertura de nuevos mercados; una se basa en la lógica de cierre, la otra exige la eliminación de barreras a la expansión del capitalismo impuesto por el estado.

La frontera entre Estados Unidos y México, se ha ido codificando y recodificando durante el siglo pasado en películas, pinturas de paisajes y políticas públicas como un espacio edénico de grandes maravillas naturales, como una gran nación indígena, como un espacio privilegiado de libertad y expansión hacia el oeste, todo esto fue grabado después del 9/11 como una región de interés para la seguridad nacional. Los hechos reales acerca de la seguridad nacional en la frontera no han servido de mucho para contener la influencia de líderes políticos militaristas, quienes han impulsado la militarización de la frontera desde los años 80. El hecho de que nunca haya habido una amenaza terrorista real para los Estados Unidos proveniente de su vecino del sur, tiene muy poca relación con la nueva lógica de la frontera: las naciones se definen con fronteras; por lo tanto es lógico que se levanten barreras para reforzarlas.

El proyecto de la militarización de la frontera, parecería estar en conflicto directo con las demandas de la globalización y la lógica del neoliberalismo, cuyo proyecto es desasociar el capital de las restricciones de las intervenciones estatales. La construcción del muro entre Estados Unidos y México, se inició en 1994 conjuntamente con el TLCAN, y como tal, forma parte del proyecto del neoliberalismo, un sistema que promueve armoniosas relaciones económicas entre diferentes naciones. Como nos recuerda, David Harvey, el neoliberalismo ‹‹sostiene que el bien social se maximizará maximizando el alcance y la frecuencia de las transacciones de mercado y, busca llevar toda acción humana al dominio del mercado›› (Harvey 3). Los problemas del neoliberalismo se resuelven a través de contratos, demandas y acciones legales; no con muros ni con límites.

Dándole una ojeada a las noticias sabremos que, de hecho, los muros no previenen el cruce de migrantes por la frontera internacional. Según la Organización de las Naciones Unidas en 2019 el número alcanzado de migrantes internacionales fue de 272 millones o 3.5% de la población mundial, ‹‹una tendencia en constante crecimiento››. Y sin embargo los muros se proliferan por el mundo. Entonces, ¿qué quieren los gobiernos? ¿Por qué el enfoque irracional en la seguridad de la frontera? De hecho, las fronteras y los muros fronterizos funcionan como una parte muy necesaria de esta lógica neoliberal.

Bajo el neoliberalismo, los muros y los límites funcionan como válvulas de control: Estados Unidos no quiere realmente mantener alejados a los migrantes. Por el contrario, el Estado quiere dejar entrar a todos bajo ciertas condiciones. La frontera oficial, los puertos de entrada, las aduanas en los aeropuertos, el muro fronterizo, todos dejan muy en claro el punto de entrada, un sitio específico en el cual cada individuo estará sujeto a un sistema de clasificación.

Dicho de otra forma, los sujetos fronterizos no nacen, se hacen. Como comentan los autores de Border as Method, ‹‹En primer lugar, las fronteras son a la vez espacios de control y espacios de excedentes, a la vez sitios para la restricción de la movilidad y sitios de lucha. En segundo lugar, las fronteras son instituciones sociales involucradas en la producción de las mismas condiciones, gobernanza y gobernabilidad. ‹‹Las fronteras buscan producir sujetos móviles gobernables con flujos ingobernables›› (Mezzadra y Neilsen, 2013, p. 183).

El resultado es un proceso de ordenar, clasificar; un sistema de clasificación que criminaliza a algunos, favorece a otros, quita derechos a unos, convierte a otros en trabajadores y subyuga a otros bajo la tutela del Estado. Pero eso sí, nadie se queda en el limbo.

En consecuencia, estas son las contradicciones y las contingencias históricas que le dan forma al espacio de la frontera Estados Unidos-México y que determinan el significado de nuestra intervención.

Actuando dentro del teatro de la seguridad

 El proyecto ideológico del neoliberalismo, es para promover cierto tipo de consenso, obtener nuestro consentimiento para normalizar esas condiciones de explotación y desigualdades sistémicas. El capitalismo corporativo produce una suave imagen de un movimiento ligero de bienes y capital del que dependemos para tener la sensación de seguridad y bienestar. Las prácticas de crítica artística pueden jugar un papel muy importante para subvertir la hegemonía dominante. ‹‹Visualizar lo reprimido y destruido por el consenso de la democracia postpolítica›› (Mouffe, 2007, p.13).

Lo que hace visible al discurso popular contemporáneo es, la función del muro como un símbolo de odio, una barrera, un medio para evitar el cruce. Sin embargo, lo que permanece oculto es la lógica administrativa gubernamental, la clasificación, la criminalización de los migrantes, y nuestra propia posición de espectadores de estos procesos. La intervención que hicimos pretende hacer visible estas prácticas ocultas y convertir los espectadores pasivos de Trump en participantes activos en procesos de la democracia popular.

El muro fronterizo forma parte de un sistema que tiene efectos tanto simbólicos como reales. Esto tiene dos consecuencias: primero la creación y proliferación de barreras físicas, al igual que restricciones legales y simbólicas; la nueva clasificación de personas, nuevas condiciones migratorias en cuanto a la clasificación y regulación de todos nuestros movimientos. La frontera está inscrita en los cuerpos de los migrantes así como de los nuestros. Llevamos la frontera en nuestros documentos, en nuestros pasaportes, y en nuestras visas. Segundo, el gobierno quiere gobernar a todos, como ciudadanos, como posibles sospechosos, pero también quiere gobernar en todo lo que pasa en la región fronteriza y nuestro papel como espectadores.

De tal manera, el muro fronterizo tienen una función simbólica, la producción de ‹‹un teatro de seguridad››. Es un escenario, un teatro, un espacio que genera imágenes, narrativas y espectáculos que hacen visibles y justifican las clasificaciones utilizadas por el gobierno. Peter Andreas, como politólogo, señala que el teatro de la frontera es una manera muy efectiva para la producción de espectadores que llegan a ser parte de una cultura de la seguridad fronteriza. ‹‹Las imágenes alarmantes de una frontera fuera de control, puede alimentar la ansiedad pública; mientras que las imágenes reconfortantes de una frontera bajo control, puede reducir tal ansiedad. Dependiendo de qué parte de la frontera uno elija mirar, ambas imágenes están disponibles de inmediato. La frontera funciona como una especie de escenario político en donde estas imágenes y estos mensajes son parte de una actuación pública›› (Andreas, 2000, p. 12).

Lugares como el muro fronterizo y el espectáculo de la construcción de las pruebas de los prototipos del muro de Trump, producen una constelación de imágenes y narrativas acerca de la supuesta peligrosidad de la frontera que constantemente se transmite en los medios. La administración de Trump, ha convertido al pueblo estadounidense en un público masivo para la puesta en escena de la frontera como un espacio violento y sin ley, a través de una clara identificación y demarcación del espacio fronterizo.

A la vez, la zona de seguridad e infraestructura, tienen la función de eliminar las ambigüedades de la frontera. El espacio de la frontera, que alguna vez fuera una pradera abierta llena de flores silvestres, hoy es un espacio perfectamente diagramado, empaquetado y vendido al público como una ‹‹zona de seguridad››. Esta zona parece un objeto, un espacio científicamente calculado, vigilado por la patrulla fronteriza. El espacio es ideal para realizar un espectáculo de persecución, captura y castigo a cualquier migrante que ‹‹cruce la línea›› y entre a esta zona. Las prácticas materiales de las actividades de la patrulla fronteriza, dan la apariencia de objetividad a la noción de ‹‹ilegalidad››. Y, como menciona el antropólogo Nicholas de Genova (2002), ‹‹La frontera es ‹‹el vivo ejemplo›› de un teatro para la puesta en escena del ‘extranjero ilegal’ que la ley produce››. Esta etapa es una forma tácita de ganarse el consentimiento del espectador para tales operaciones.

Este espectáculo fronterizo requiere de una audiencia, ‹‹un observador pasivo ideal››. Mientras Trump manipula al público con distractores y drama, convirtiéndolos lentamente en espectadores pasivos.

La lógica de nuestro gesto artístico emerge de las siguientes condiciones: quisimos dar a conocer el espectáculo por lo que es y ofrecer una nueva posición para que la audiencia participara de forma activa. La audiencia pudo identificarse con nosotros los artistas mediante la creación de un escenario visible que reveló y cuestionó la puesta en escena del gobierno.

 

 

Jill Marie Holslin, Tijuana, Baja California, 2020

Artista visual, y maestra de retórica en San Diego State University

Traductora, Dulce Alma Sánchez-Cuéllar

 

Referencias 

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Andreas, Peter. Border Games: Policing the U.S.-Mexico Divide. Ithaca: Cornell UP. 2000.

De Genova, Nicholas. “Migrant “Illegality” and Deportability in Everyday Life.” Annual Review of Anthropology, 31 (2002): 419-447.

Harrison, Scott. “From the Archives: Light up the Border Protests.” Los Angeles Times. May 10, 2018. Extraido el 22 febrero del 2020 desde <https://www.latimes.com/visuals/photography/la-me-fw-archives-light-up-the-border-protests-20180327-story.html>

Jaar, Alfredo. “The Cloud” (2000). InSite Archive. Extraido el 22 de febrero del 2020 desde  <https://library.ucsd.edu/dc/object/bb40303142>

Kwon, Miwon. One Place After Another: Site-Specific Art and Locational Identity. Cambridge, Mass.: The MIT Press. 2000.

“Know Your Rights if Stopped for Photographing in Public” American Civil Liberties Union.  Extraido 20 de febrero del 2020 desde

<https://www.acludc.org/en/know-your-rights/know-your-rights-if-stopped-photographing-public>

Mezzadra, Sandro and Brett Neilson, Border as Method, or, the Multiplication of Labor. Durham: Duke University Press. 2013, 183.

Mouffe, Chantal. “Art and Democracy: Art as Agonistic Intervention in Public Space” in Open! Platform for Art, Culture & the Public Domain. 1 de enero del 2007. Extraido el 20 febrero del 2020 desde <https://www.onlineopen.org/art-and-democracy>

“The number of international migrants reaches 272 million, continuing an upward trend in all world regions, says UN” Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la Naciones Unidas. 17 de september del 2019, Nueva York. Extraido el 20 febrero del 2020 desde

<https://www.un.org/development/desa/en/news/population/international-migrant-stock-2019.html>