La sensación de frío seco se apoderó de sus pies. Hellyaa, que significa del kumiai Luna, se levantó con precaución. Refinó sus oídos. Movió sus ojos con astucia. Alguien la observaba. Reconoció la pisada ligera y el olor del pelaje.

Un coyote entre las rocas –murmuró-.

Valiente y adiestrada en la caza sacó su honda para estar preparada por si la atacaba el animal. El coyote subió la gran piedra, fijó su mirada en la mujer. Sus ojos amarillos brillaron con intensidad. Un viento levantó polvo y hojas, el animal empezó a aullar. Las ramas de los árboles cantaron, las nubes se aborregaron y se escuchó una voz familiar que la llamaba.

Hace 240 lunas llenas  trascendió el padre de Hellyaa. Ahí estaba él transformado en coyote. Ella lo reconoció. Supo de inmediato que alguien amado moriría, pues el cánido aparece solo para comer el corazón de un difunto. No podía perder el tiempo, tenía la corazonada que sería uno de sus hijos.

Camino a su casa tuvo tiempo para pensar. Ideo un plan para engañar a la muerte y su emisario. Hellyaa se levantó muy temprano. Se fue en busca de la vieja ancestral.

Hellyaa encontró a la erudita, la cual tomaba  el sol en unas piedras. Cuando la visión elíptica de la serpiente sabia capturó a la mujer, se enroscó e hizo sonar su cascabel de 80 aros, como aviso para que no se acerque.

Hellyaa se arrodilló, inclinó su cabeza y dijo:

Tus ancestros nos heredaron esta tierra caliente, llena de misterios. Habitada por criaturas nobles, dulces y saladas. El encino poderoso, que nos brinda el vigor de sus entrañas en bellotas. Los brotes de agua que nacen del suelo, como ojos del gran creador.

Las rocas con caras en silencio que rompen la sordera del espíritu. Nos bañamos con el sol, la lluvia, la tierra y todo eso lo compartimos. Somos fuertes, nos hemos enfrentado al agua del acantilado.

Ahora necesito tu favor gran serpiente, he traído para ti, tu presa favorita, tres liebres. Puedes mirar tus vitrales en ellas.

La serpiente astuta, gruesa de sabiduría contestó:

-Comeré tu ofrenda y cuando duerma, toma lo que necesites de mí, pero te advierto que no volverás a ser la misma.

Tragó la enroscada de un sorbo las liebres y pronto se quedó aletargada de satisfacción.

Hellyaa  se acercó a la sabia .Con rapidez extrajo veneno de sus fauces y cortó el cascabel de un tajo.

Esa noche preparó un brebaje y tomó un poco de veneno. Su cuerpo empezó a convulsionar. Su mente abrió portales como galaxias y  olas de estrellas la envolvieron. Navegó por todo el desierto llamando al coyote. Este se escondió para tomarla de sorpresa y así comerse su corazón, pero esa noche el rastrero no tuvo la oportunidad de burlarla.

Al día siguiente se levantó con frío. Se bebió una poción, recuperó el ánimo. Prendió savia para relajarse y poder rezar sus oraciones. Tejió hasta el anochecer.

De nuevo tomó ponzoña. Cayó en sopor, en seguida entró el coyote, la olfateo y  preguntó-¿Comeré tu corazón esta noche?-

-No-susurró con debilidad Hellyaa.

-Tengo algo mejor. –

Mostró el cascabel de 80 aros  de la serpiente vieja.- ¿Lo aceptas?- preguntó, mientras lo sacudía con suavidad. Así encantó al animal.

El coyote extasiado por el sonido suave como murmullo de grillos, aceptó el intercambio y dijo: -¡Auka¡ que significa del kumiai la luz te ilumina- tomó en su hocico el cascabel y se perdió entre matorrales, sombras del desierto.  Hellyaa sintió de inmediato el cambio, su  mirada elíptica  anunció su nueva vida.