Ramón Espinosa Contreras, et. al. Guerrero entre la pobreza y la violencia. Septiembre negro, Iguala, 26-27 de 2104. La infamia de un Estado criminal México, UAGro, 2109.

 

 

Ante la violencia que se nos circunda tanto a nivel global (violencia sistémica) como a nivel local (violencia legítima), es casi un lugar común decir que nuestro presente es uno de los más violentos de nuestra historia; la inseguridad de todos los días, las miles de muertes relacionadas con el narcotráfico, las fosas clandestinas y desapariciones de migrantes y connacionales, los feminicidios, las desapariciones forzadas, los migrantes secuestrados o asesinados en Tamaulipas, Jalisco, Guerrero o Veracruz, etc. Una violencia ejercida de manera monopolizada y organizada las más de las veces por el Estado, ejemplos de actos crueles e inhumanos de producción deliberada de sufrimiento y dolor por las transnacionales, el crimen organizado, el ejército y la policía.

La obra intitulada Guerrero entre la pobreza y la violencia. Septiembre negro, Iguala, 26-27 de 2104. La infamia de un Estado criminal del Dr. Ramón Espinosa Contreras, la Mtra. María Antia Julián y el Mtro. José Ramón Espinosa Julián, aparece cinco años después de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa como una demanda de justicia, de solidaridad, de memoria y esclarecimiento de lo sucedido en el llamado septiembre negro. El libro está conformado por 10 capítulos, a saber; El contexto social; La pobreza; violencia; Infamia de un estado criminal; Impacto, voces y resistencia de padres; Estructuras políticas podridas; Hacia una nueva sociedad para el siglo XXI: Justa, democrática y humana; Razón de estado y razón humana; Génesis de las escuelas normales rurales y Hacia una nueva sociedad democrática, humana y ecológica. Por un lado, se muestra el compromiso político, moral y de formación académica, por el otro, las narraciones, experiencias, resistencias y luchas concretas; de utopías como puede verse a lo largo del texto.

En ese horizonte aparece en el libro de Espinosa Contreras el llamado triángulo de la pobreza extrema del país (Chiapas, Oaxaca y Guerrero)[1]; espacios de caciquismo, desempleo, pobreza rural, desnutrición, carencia de condiciones adecuadas de salud, analfabetismo, corrupción, impunidad, violación permanente a los DD. HH, guerras sucias, etc. Dicen los autores, “Una historia larga, dolorosa y permanente –concretamente- del Estado de Guerrero.”

Nos preguntamos, ¿Cómo repensar el ejercicio de las ciencias sociales y humanas a la luz de tales problemas contemporáneos que exigen respuestas? ¿Cuáles son los desafíos a los que hoy nos enfrentamos con respecto no sólo al reconocimiento de los derechos humanos sino también a su establecimiento como una forma de vida en un contexto de violencia? ¿Cómo es posible superar –si lo es- el problema de la violencia y establecer una visión no violenta del derecho, la política y el ejercicio del poder del Estado? ¿Cómo no olvidar y encontrar justicia? Los autores y la autora en primer lugar; nos dan información de primera mano, fundamentada, pertinente y suficiente para comprender en donde estamos parados hoy; en segundo, nos dan algunas posibles salidas desde sus miradas teóricas.

El libro inicia describiendo los gobiernos del Estado de Guerrero, desde el general Raúl Caballero Aburto (1957-1961) (PRI) hasta Ángel Aguirre Rivero (2011-2014) (PRD). Y entre ellos, Salvador Rogelio Ortega Martínez- gobernador Interino (2014-2015) (PRD). “…gobernantes que han tenido el común denominador de ejercer la violencia política en contra de los luchadores sociales y de los movimientos locales. Es una de las razones de Estado sobre la razón humana, una constante en la historia del estado de Guerrero.”[2]. También en él se analiza críticamente cada uno de los tópicos que lo conforman, pero en especial la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgosde Ayotzinapa. Porque para los autores “No puede haber paz, armonía y convivencia social, en un estado de cientos de fosas clandestinas, de desapariciones forzadas, de torturas, de genocidios, de asesinatos extrajudiciales, de cientos de feminicidios y de presos políticos; de pobreza y hambre crónica; de hostilidad, de crisis y violencia; de impunidad y de corrupción, en otros términos, es un Estado en descomposición como lo es a nivel nacional.”[3]

El problema que se manifiesta es la ineficacia y corrupción de las instituciones, un problema estructural y de larga duración en nuestro país; situación que refleja un asunto de justicia, de reconocimiento a la dignidad y a los derechos humanos por parte del estado mexicano, que hoy vemos trágicamente transgredidos de manera permanente, ¿Acaso no toda violencia en México es violencia de Estado? Violencia como un medio para mantener el orden, la justicia y el llamado “bien común”. Los autores lo plantean de la siguiente manera, “¿cómo reparar la violencia institucional y exigir al Estado que se cumpla con las leyes y con los tratados internacionales de derechos humanos, supuestamente apoyados por el gobierno mexicano?”

Consideramos así, que toda violencia forma parte del Estado, sea de donde provenga y de los sujetos que la propicien. El Estado posee el monopolio del derecho a la violencia (Max Weber), es decir, la violencia legítima sólo puede ser única, un monopolio independientemente de las manifestaciones que adopte; forma jurídica o espacio social concreto de donde provenga. Por debajo del consenso como fundamento del poder político se encuentran la verticalidad, la desigualdad y la violencia (legitimidad y violencia). Foucault[4] afirmó que la violencia institucional legal (sistema jurídico) es el sistema jurídico que la ejerce a través de mecanismos que conforman el sistema judicial. En ese sentido, el derecho y lo judicial establecen relaciones de dominación y procedimientos de subyugación, mostrando el lado oscuro del derecho tras su apariencia de legitimidad. Gerardo de la Fuente nos dice algo al respecto:

[…] toda violencia con títulos de legitimidad es estatal, es el Estado mismo, independientemente de la forma jurídica, el lugar social o la apariencia fenoménica que revista. No hay contraposición esencial entre la violencia de la mafia y la del gobierno: son una y la misma, porque lo violento estatal es único por definición. Y en el momento crucial, el Estado realiza la prueba práctica, eficaz de tal afirmación, declarando –explícitamente o no- el estado de excepción.[5]

 

El Estado de Excepción es permanente y no algo provisional, es la regla y violencia sistemática. Es el soberano quien sostiene lo extraordinario de dicha situación, de esta manera el Estado mantiene el monopolio de la legítima violencia, ya que, el estado de excepción se presenta como la forma legal de aquello que no puede tener forma legal.[6] Al unísono con el filósofo italiano Giorgio Agamben[7], decimos que en el estado de excepción la soberanía es absoluta y que toda violencia es estatal, es decir, legítima. “Toda violencia que permanece acaba incorporándose al Estado […] En fin, que detrás de toda violencia sistemática se encuentran los hombres armados.[8] En un Estado así, ya no existe la política sólo la policía como respuesta inmediata de su poder sobre los que considera conflictos internos extremos. De esta manera, se invocan las polémicas razones de seguridad, de “…un estado policial y militar.” Una razón de Estado:

 

…porque es su razón y es su instrumento para ser hincapié que sólo él es, el único poder de ejercer la violencia…que la fuerza de los hechos en el país y en Guerrero, en especial ahí está presente la violencia del Estado: pobreza, violencia, muerte, presos políticos y desapariciones forzadas, siempre ha sido permanente. En Guerrero, la violación de los derechos humanos ha sido una constante en su historia como se narra en el contenido de este libro. Todos esos crímenes de Estado que se han cometido en contra de luchadores sociales que han dado su vida por un Guerrero con justicia y democracia, sin genocidios y SIN crímenes en contra de la humanidad.[9]

 

Para fundamentar lo expuesto en el texto, nuestros autores nos brindan información, a saber; hechos y datos históricos de Guerrero y del país, datos estadísticos, informes, acuerdos, entrevistas personales a madres y padres de los estudiantes desaparecidos en medios de comunicación tanto nacionales como internacionales y por los mismos autores; artículos en prensa, hechos históricos y políticos; análisis sobre la economía, educación, alimentación, salud, analfabetismo, salarios, corrupción, etc., Además de las narrativas de Marx, Lenin, Trostky, Weber, Foucualtl, Bonfil Batalla por mencionar algunos. Pero quisiera resaltar dos fragmentos de las entrevistas realizadas a los padres de los desaparecidos de Ayotzinapa por parte de los autores. Pregunta Ramón Ramón Espinosa: En el instante que se dieron cuenta de la desaparición forzada. ¿Cuál es el impacto de esta barbarie cometida por el Estado, aliado al crimen organizado? Responde Melitón Ortega “…del 26 de septiembre de 2014 para acá, nuestra vida cambio totalmente, dejamos abandonada nuestra casa, nuestro trabajo y todas nuestras actividades que hacíamos para dedicarnos de tiempo completo a la búsqueda de nuestros hijos.”[10]

También Espinosa Contreras pregunta a Ernesto Guerrero Cano: Exsecretario General del Comité de la Sociedad de Alumnos Ricardo Flores Magón de Ayotzinapa del 2015 al 2016. ¿Qué opinión tienes sobre esta declaración (de la Convención Interamericana sobre la desaparición forzada de las personas) y la “verdad histórica”? Él responde, “No hay más verdad que los 43 compañeros nuestros los desapareció el Estado por conducto del ejército, la policía federal y la policía de Cocula aliados al crimen organizado. En segundo lugar, para nosotros están vivos, porque vivos se los llevaron y vivos los queremos. Sobre la verdad histórica es una patraña montada por la PGR.”[11] Y así, podríamos extraer muchos testimonios que dan cuenta sobre tal acontecimiento histórico que todavía no ha alcanzado no sólo verdad sino sobre todo justicia.

Ayotzinapa, desafortunadamente es un hecho trágico e impune del sexenio anterior (“2012 – 2108). En dicho acontecimiento doloroso podemos ver el problema estructural que vivimos en nuestro país; corrupción, impunidad, relaciones del Estado con el crimen organizado, violación a los derechos humanos, poca transparencia del ejercicio del poder del ejército (crisis de la institucionalidad del Estado). En una situación de instituciones débiles, fracturadas y sin credibilidad ¿Cómo se puede enfrentar al crimen organizado con instituciones estructuralmente podridas? dirían los autores, ¿Cómo salvaguardar nuestra integridad física y nuestros derechos fundamentales en tal situación?

Consideran así nuestros autores, que la filosofía política desde su mirada, trata sobre la política para explicar la racionalidad del Estado como poder; la facultad de ejercer la violencia sobre la sociedad para poder controlar las formas de gobierno monárquico, autoritario, despótico y democrático. El Estado mexicano en el caso de los crímenes que ha cometido y con las desapariciones forzadas, no cumple con las recomendaciones de los organismos internacionales de derechos humanos, porque no sabe, lo único que sabe, es que los 43 estudiantes fueron quemados en el basurero de Cocula y de haber construido la “verdad histórica”, esa es su ética y su verdad. Una “barbarie que el Estado ha ejercido sobre los hijos de la libertad y la justicia que participaron y participan en los movimientos sociales en la historia a partir de los años sesentas y setentas del siglo XX, y recientemente la barbarie cometida a los estudiantes de Ayotzinapa.”[12]

Por eso afirman que “Guerrero es un estado carcelario, vigilado como toda prisión, un panóptico (Foucault), es decir, un lugar desde donde es posible verlo todo y a todos, para vigilar y encarcelar a los que luchan por la vida, la libertad y la justicia; los persiguen, los torturan, los matan o los desaparecen. Este panóptico estuvo presente durante toda la guerra sucia y lo sigue estando en esta Guerra de Baja Intensidad en contra de los movimientos sociales y en contra de los estudiantes de Ayotzinapa.”[13]  En ese sentido, sostienen que fue un “crimen de Estado de lesa humanidad,” al igual que los padres de familia y ciertos sectores de la sociedad, un crimen que no prescribe. En suma, fue “La razón de Estado” que se imponen sobre “la razón humana.”

¿Qué nos proponen los autores? Nos proponen “establecer una sociedad más humana, democrática, digna y justa, producto de las condiciones concretas, de la acción práctica con la finalidad de cambiar el sistema político en descomposición y corroído por el narcotráfico, la corrupción y la impunidad. Un nuevo sistema político y social, que garantice la libertad, teórica y práctica.”[14] Ven en el movimiento de Ayotzinapa, una lucha que está rompiendo las cadenas en que ha estado encadenada la libertad y la justicia, impulsando una Revolución política, encaminada hacia un socialismo humano, democrático, justo y ecológico…Una justicia que surge desde abajo, es decir, desde la sociedad, principalmente de las clases desposeídas: obreros, campesinos e indígenas, aliados con los estudiantes, académicos e intelectuales comprometidos con las causas de los marginados y explotados, formando un frente único o como dijera Antonio Gramsci, un bloque histórico.

Para los autores, “existen, los grandes y radicales cambios políticos que se han producido en las últimas generaciones y demuestran que el hombre es capaz para crear opciones nuevas allí donde no parecía existir ninguna, ahí en done se juega la vida y la muerte, en esos instantes de peligro (Benjamin). Ejemplo claro es el movimiento impulsado por los padres de familia de los 43 estudiantes desaparecidos, la Asamblea Nacional Popular (ANP) y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), ellos han sido capaces de romper el silencio y las cadenas de la jaula de hierro del sistema político mexicano”.[15]

Por lo expuesto, el libro explora a través de las metodologías de las ciencias sociales y las humanidades, esas fisuras abiertas y heridas del estado de Guerrero; sus gobiernos, policías, administradores de la justicia, el crimen organizado, etc. El estudio, documenta a través de múltiples instrumentos la situación de esas montañas del sur en donde la muerte, la pobreza, la corrupción y la delincuencia organizada, etc., han instaurado un lugar de impunidad, seguramente como en muchos estados de nuestro país desde hace tiempo.

Sin embargo, los fragmentos de verdad que se han encontrado hasta hoy (2020) en el caso Ayotzinapa con la nueva administración federal, son desgraciadamente de dolor y sufrimiento, porque tal vez el resto óseo de Christian –estudiante desaparecido- encontrado en un lugar distinto al de la “verdad histórica”, revele el mismo final para los demás estudiantes aún desaparecidos. Una verdad que duele, pero una verdad buscada por los mismos padres de familia que no aceptaron la “verdad histórica”, al mismo tiempo, que se convierte en una esperanza para el esclarecimiento de lo sucedido en Iguala, Guerrero en septiembre de 2014.

Quisiera terminar con lo siguiente. A Juan Ramón Espinosa Julián –coautor- le pregunta Estanislao Mendoza, padre de uno de los estudiantes de Ayotzinapa, ¿usted es hijo del profe. Ramón Espinosa? Juan Ramón contesta sí, Estanislao le dice, “él está con nosotros y es miembro de la Asamblea Nacional Popular.”[16] Ello refleja el compromiso, la solidaridad y el ejercicio del filosofar con nuestro presente, con el suelo que pisamos para poder para excavarlo y saber en dónde nos encontramos, porque es la única manera –diría Foucault- de poder actuar en el futuro, de ser los maestros de tal futuro y de cuestionar la supuesta normalidad.

José Antonio Mateos Castro

FFyL de la Universidad Autónoma de Tlaxcala

 

 

[1] Espinosa, Contreras Ramón, et. al. Guerrero entre la pobreza y la violencia. Septiembre negro, Iguala, 26-27 de 2104. La infamia de un Estado criminal México, UAGro, 2109, p. 50.

[2] Ibid., p. 15.

[3] Ibid., p. 31.

[4] Foucault, Michel, Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión. Argentina, Siglo XXI, p. 129.

[5] Fuente, Lora Gerardo de la. “Toda violencia repetida y sistemática es estatal” en Ayala, Barrón, Reflexiones en torno a la violencia en México: Acercamientos filosóficos y sociales. México, UAS, 2016, p. 149.

[6] Federico Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Madrid, editorial Fundamento, 1986, afirmará que el “Estado son los hombres armados”. Es lo que tal vez sustenta nuestra vida en comunidad; la cristalización de la violencia.

[7] Cfr. Agamben, Giorgio, Estado de excepción. Bs. As., Argentina, Adriana Hidalgo Editora, 2007.

[8] Fuente, Lora…, p. 152-3. Federico Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Madrid, editorial Fundamento, 1986, afirmará que el “Estado son los hombres armados”. Es lo que tal vez sustenta nuestra vida en comunidad; la cristalización de la violencia.

[9] Espinosa, Contreras…, p. 283.

[10] Ibid., p. 182.

[11] Ibid., p. 190.

[12] Ibid., p. 61.

[13] Ibid., p. 80.

[14] Ibid., p. 213.

[15] Ibid., p. 21.

[16] Ibid., p. 210.