De la inmemorial noche de tiempo emerge Ἔρως, el más hermoso de los Dioses, quien con su apasionada inteligencia produce el orden y la unidad universales. Las tradiciones sapienciales más remotas, de Oriente y Occidente, comparten esa profunda intuición del amor como principio creador, elemento vital, vehículo de goce y éxtasis divino. El Banquete de Platón expresa en este sentido un momento de madurez y síntesis que cristaliza los supuestos del pensamiento occidental. Rápidamente, algunos rasgos centrales de ese amor platónico que marcará el destino de la filosofía: una naturaleza intermedia –metaxy la llama el Banquete–, una dialéctica en ascenso y la potencia de toda creación. La ontología de Platón articulará ese dinamismo amoroso en la constitución misma y otra de lo real.

La concepción platónica del amor ha recorrido la historia de la filosofía y reaparece con fuerza en la especulación moderna, especialmente en el neo-platonismo romántico donde el amor expresa el primer principio ontológico. La primacía del amor le permitió al romanticismo superar el intelectualismo iluminista y la lógica abstracta para instaurar en su lugar la dialéctica de una identidad amorosa que es una y otra a la vez, idéntica en su propia diferencia. La metaxy amorosa actualizaba esa instancia intermedia capaz de unir y diferenciar a la vez, medio propiamente creador, lugar de muerte y renacimiento. Amor y muerte, esa sublime identidad romántico-idealista, contiene en su dialéctica la posibilidad de una continua repetición siempre nueva.

Me permitiré leer Sigmund Freud en el marco de la tradición clásica alemana como el último de los románticos. Motivos tales como la fuerza de lo inconsciente, la imagen del alma en sus sueños, la eterna repetición de la infancia, el valor de la fantasía y ese eros platónico que retorna bajo la forma de la pulsión sexual, parecen justificar su adscripción romántica. La gran revolución freudiana en materia sexual podría entenderse como una reinterpretación de eros en los límites de alma y sus formas. Con Freud, lo sexual deviene elemento y pulso vital del aparato psíquico en toda su complejidad somato-psico-social. En sintonía con Platón, eros es para Freud el esfuerzo por producir lo múltiple y recogerlo en uno. Repasemos brevemente algunos rasgos de lo sexual freudiano.

Ante todo, lo sexual conserva el carácter de metaxy o cosa intermedia entre lo somático y lo psíquico, el cuerpo y el alma, el yo y el no yo, lo interior y lo exterior. Del carácter medial de las pulsiones depende la composición, plasticidad y creatividad que Freud les atribuye. Lo sexual se dice de muchas maneras, comprende toda acción y dimensión humana, porque efectivamente supone un desarrollo ‒ontogenético y filogénetico‒ que abarca desde las pulsiones parciales, narcisistas y polimorfas, hasta el deseo propiamente dicho y la sublimación espiritual. Al carácter medial, complejo y evolutivo de lo sexual se suma su intencionalidad inmanente, esto es, su apertura a la alteridad sea ésta objetiva, intersubjetiva o social. De ello deriva la articulación triádica del alma que Freud describe como yo, ello y super-yo a los efectos de dar cuenta de una múltiple integración somato-psico-social y cultural, causa y efecto de la sexualidad humana. Finalmente, y fiel al espíritu romántico que lo anima, Freud instala la muerte como dialéctica última de lo sexual, su radical negación inmanente. Si la pulsión de vida –Lebenstriebe– es fuerza de unidad y creación, la pulsión de muerte –Todestriebe– opera como separación, desmembramiento y destrucción.

Entre el eros platónico y el freudiano, podríamos trazar cierto realismo ontológico que, salvando las distancias históricas y los matices conceptuales, ha afirmado una dialéctica amorosa en su propia lógica de diferenciación y síntesis. Tal es el pathos de unidad actuante a nivel psico-somático, ético, político, cultural, subjetivo e inter-subjetivo. Precisamente este marco ontológico comienza a desmoronarse con lectura económico-política de Freud para alcanzar su máxima desintegración en la propuesta posmo-porno-queer, concretamente en la versión contrasexual de Beatriz-Paul Preciado. Esta progresiva disolución amorosa no es autónoma, sino subsidiaria del realismo sexual al cual parasita y desmembra. Veámoslo.

Lo que llamaremos ‒inspirándonos en el Manifiesto de Preciado (2002)‒ el giro contrasexual se remonta al matrimonio forzado del psicoanálisis con el marxismo a fin de ampliar las bases teóricas de la revolución. Comienza así una relectura de lo sexual amalgamada a la lectura anticapitalista, donde el capitalismo hará las veces de realidad externa represiva y lo sexual, de fuerza íntima emancipadora. Esta especie de maniqueísmo renovado entre la esencia pura e inmaculada de lo sexual –auténtica naturaleza humana– y un orden civilizatorio represor que deberá ser eliminado por aquella, hace su triunfal entrada con Eros y civilización de Marcuse (1983).

La tergiversación fundamental de esta obra consiste en haber convertido la dialéctica inmanente de lo sexual ‒eros/tanatos‒ en un dualismo extrínseco entre el principio del placer y la libre fantasía por un lado, y el principio de realidad y la alienante razón, por el otro. Placer y fantasía pasarán a ser procesos autónomos e independientes, que deberán llevarnos más allá del principio de realidad y racionalidad, al vergel de la revolución estético-política. Este dualismo entre la perversión política y la pureza sexual supone además cierta reificación de la estructura ecónomico-política que, paradójicamente, terminará por liquidar al sujeto de la revolución en favor de la estructura esencializada.

El surrealismo estético-político de Marcuse será la puerta de entrada a una desrrealización progresiva de lo sexual, rematada en las ficciones contrasexuales posmo-porno-queer. Mayo del ‘68 tradujo la empresa sexo-política en consignas tales como “la imaginación al poder” o “cuanto más hago el amor más ganas tengo de hacer la revolución. Cuanto más hago la revolución, más ganas tengo de hacer el amor”. Los epígonos de las generación del ‘70 continuarán la obra revolucionaria intentado sacar las conclusiones de ese poder sexo-imaginario. Teóricos setentistas tales como Gilles Deleuze, Félix Guattari, Guy Hocquenghem, Jean-François Lyotard y Michel Foucault coincidirán en la liquidación posmoderna de los megarrelatos revolucionarios y su sustitución por micro-agenciamientos localizados. El metarrelato del sujeto histórico también será liquidado y reemplazado por proyecciones imaginarias post-sujeto. A partir de aquí, la tendencia a la fragmentación y la desintegración política será indetenible.

El esquizo-análisis de El Anti-Edipo da por sentadas las dos únicas maquinarias de producción, a saber, lo sexual y la política. El resto son epifenómenos. En materia sexual, lo que hay son pulsiones parciales, polimorfas y narcisistas, recorriendo un cuerpo sin órganos, sin sentido, ni inteligibilidad inmanente. Este tipo de sexualidad es unívoca en la medida en que carece de desarrollo o intencionalidad inherente, y solo es extrínsecamente configurada según por choques, yuxtaposiciones o cortes. En materia política, hay códigos moleculares que inscriben y reescriben territorios. Cada agitación sexo-social produce una posición deseante particular, intermitente y fugaz, que se refleja en identificaciones post-subjetivas, es decir, en post-sujetos carentes de estructura personal o identidad específica, meras proyecciones imaginarias territorializadas en cuerpos sin órganos. Este es también el tipo de sexualidad que anima la Economía libidinal de Lyotard, expandida por todo el cuerpo y todo cuerpo ‒orgánico, inorgánico o sin organización‒, todo discurso y sistema, al modo de múltiples agitaciones de satisfacción auto-erótica. Para Deleuze, Guattari o Lyotard, lo sexual son fuerzas irreflexivas y puramente positivas, sin lugar para un desarrollo o alteridad intrínseca, y cuyas variaciones provienen de cuantificaciones intensivas o recortes extrínsecos.

A partir del Deseo homosexual de Hocquenghem, se acentúa el interés masculino por recodificar y reterritorializar el cuerpo sin órganos en torno al ano, centro de penetración colectiva y nuevo significante sexo-político universal. La especificidad de las políticas anales reside en subvertir la diferencia sexual por la igualdad hom(br)onormativa del único sexo capaz penetrar y ser penetrado a la vez. Terror anal (Preciado, 2013) y repulsión vaginal serán el código de la generación venidera. Foucault responde al binomio sexo-político analizando por un lado los dispositivos bio-políticos que intervienen en la producción post-subjetiva (Foucault, 2014) y, por el otro lado, profundizando el paradigma hom(br)osexual hacia un modelo de perversión y crueldad inspirado en Sade. Según Foucault, Sade sacó lo sexual del closet disciplinario y liberó su naturaleza violenta y destructiva (Foucault, 2015). Con tal modelo inspirador, el sadismo foucaultiano confronta explícitamente con Freud para intercambiar eros por tanatos y entregar lo sexual a la fuerza de desintegración, tortura y desmembramiento.

Vía Foucault y Deleuze llegamos a las teorías posmo-porno-queer, nacidas con el propósito de explicar y potenciar los movimientos moleculares de los ’90 en el marco de los supuestos legados por la generación anterior. Entre los muchos autores queer, Beatriz-Paul Preciado saca las últimas conclusiones de una línea de pensamiento que comienza con la fantasía de un sujeto sexual emancipado y termina con la realidad de un sistema económico-político reificado y liberado de todo sujeto humano. Se trata en concreto de un punto de llegada contrasexual, poscuerpo y transhumano.

Contrasexual es lo que queda de una pulsión disociada de lo real, lo inteligible, el cuerpo, la percepción. Vale decir, meras fuerzas de destrucción y desintegración instituidas como auténtica naturaleza pulsional. Lo contrasexual es concomitante con poscuerpos desorganizados y desafectados de nada, porque en realidad no hay nada por desorganizar más que las ficciones normativas del régimen hegemónico. Preciado anuncia entonces el fin del cuerpo y el advenimiento del somateca, ese constructo tecno-farmaco-pornográfico capaz de reterritorializar y recodificar los flujos contrasexuales en dildos, prótesis, hormonas o extirpaciones quirúrgicas. El somateca es la disidencia sexual encarnada y experimentada, tal como su propia autora lo testifica con sus intoxicaciones testosterónicas, sus cambios de nombre y sexo, su devenir cósmico y sus viajes a Urano. La revolución sexo-política es así realizada este tipo de micro-agenciamientos somáticos que logran quebrar todos los límites impuestos por el sistema hetero-normativo.

Entre los micro-agenciamientos que Preciado pone en marcha, valga mencionar, por ejemplo, las prácticas de intoxicación voluntaria y experimental denominadas auto-cobayas; las performances drag King y travestis que esconden el género asignado al nacer; el comunismo postgenérico anal, colectivizado por dildos, puños, brazos o cualquier otro objeto penetrante. La fantasía de un ano sempi-abierto y un fist-fucking maquínico ofician como centros de la escena contrasexual. A tales micro-agenciamientos se suman las perversiones ya anticipadas por Foucault, principalmente el sado-masoquismo, el fetichismo, el voyerismo, el exhibicionismo, la coprofilia o coprofagia. En el caso de la pedofilia y la necrofilia, Terror anal reconoce que son prácticas todavía resistidas por la hetero-norma y a subvertir lo antes posible. Cabe añadir también las prácticas transgenéricas de extirpaciones de órganos, amputación y reemplazo protésico de miembros, intercambio médico-quirúrgico de piezas, edición genética y ese sueño transhumanista de una pronta bioimpresión 3D.

La industria tecno-farma-pornográfica de somatecas nos introduce en el proyecto transhumanista de Preciado: síntesis de constructivismo posmoderno, neoliberalismo globalizado y fetichismo contrasexual. Por una ironía del destino, la última fase del capitalismo global converge con el último estadio de la revolución sexo-política. En efecto, la producción y comercialización en masa de órganos, miembros, sexos, géneros, hijos, sexualidades, subjetividades, etc. exige como marco sexo-político el relativismo de micro-agencias fragmentadas y construibles a medida de cada deseo imaginario. Una vez desmentida la meta-narrativa de la democracia republicana, los derechos humanos y la objetividad de la verdad, no queda más medida que la de cada identificación post-subjetiva. Tal es la justificación implícita del proyecto contrasexual que propone designar los géneros según el íntimo sentimiento privado de cada cual. Concretamente, la propuesta de Preciado consiste en eliminar la diferencia sexual, el registro público y privado de los sexos, y convertir los géneros en códigos de libre circulación y adscripción on demand.

Como en una profecía auto-cumplida, la revolución sexo-político se consuma hoy en la estética drag queen de un universo que por fin ha puesto la imaginación al poder. Mientras que los post-sujetos se pulverizan cada vez más en sucesivas esquizo-proyecciones, la maquinaria capitalista logra emanciparse cada vez más de todo límite ético y jurídico. Ambos liberados de lo real, mutan juntos al ritmo de indecidibles flujos y reflujos moleculares. Freud lo había anticipado cuando advirtió sobre la necesidad de proteger la cultura de la arbitrariedad individual, el goce narcisista, los antiguos deseos de omnipotencia y la inclinación agresivo. En el malestar de la cultura, Preciado estaba previsto como tanatos a domeñar.

Ante el inevitable desenlace del esquizo-mundo posmo-porno-queer, volver al origen se impone como necesidad vital. Al inmemorial origen de un eros capaz de integrar, unir, llevar al otro y crear con él. Esa pasión sexual que flexiona el cuerpo en alma, el objeto en tú, la naturaleza en una obra espiritual es hoy el camino de vuelta. Para que desde el fondo del alma pueda emerger una pasión tan real como la realidad que ella misma media y fecunda.

MARÍA J. BINETTI  es Doctora en Filosofía por la Universidad de Navarra (España), Magister en estudios de las Mujeres y de Género por la Universidad de Luján (Argentina), e investigadora adjunta del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas – Argentina). Es autora de varios libros, entre ellos: Mater/realismo. Aportes para una filosofía feminista de la diferencia sexual (Prometeo, Buenos Aires 2018); El idealismo de Kierkegaard (Universidad Iberoamericana, México 2015); El poder de la libertad. Una introducción a Kierkegaard (CIAFIC, Buenos Aires 2006); El itinerario de la libertad. Un estudio basado en el Diario de Søren Kierkegaard según la interpretación de Cornelio Fabro (CIAFIC, Buenos Aire 2003). De este mismo autor ha traducido Los primeros diarios. Vol. I-II (Universidad Iberoamericana, 2011, 2013); y, conjuntamente con el equipo de la Biblioteca Kierkegaard de Argentina, El instante (Trotta, 2006) y Para un examen de sí mismo recomendado a este tiempo (Trotta, 2011). Asimismo, ha escrito numerosos artículos sobre Kierkegaard en revistas especializadas. Su trabajo de investigación se ha focalizado sobre el pensamiento de Søren Kierkegaard en el contexto del idealismo alemán y el pensamiento francés contemporáneo. Actualmente, su línea actual de investigación se desarrolla en torno a la filosofía feminista de la diferencia sexual en el marco del giro especulativo del siglo XXI.

Bibliografía

Deleuze, Gilles y Guattari, Félix. (2004). El Anti-Edipo. Capitalismo y esquizofrenia. Barcelona: Paidós.

Foucault, Michel. (2014). Historia de la sexualidad. La voluntad de saber. Buenos Aires: Siglo XXI
– (2015). Language, Madness, and Desire. On Literature, Minneapolis: University of Minnesota Press.

Freud, Sigmund. (1992). Obras Completas, Buenos Aires: Amorrortu Editores.

Hocquenghem, Guy. (2009). El deseo homosexual. Madrid: Melusina.

Lyotard, Jean-François. (2000). Economía libidinal. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
– (1993). La condición posmoderna. Buenos Aires: Planeta.

Marcuse, Herbert. (1983). Eros y civilización. Madrid: Sarpe.

Preciado, Beatriz-Paul. (2002). Manifiesto contrasexual. Madrid: Opera Prima.
– (2014). Testo Yonqui. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Paidós.
– (2013). Terror anal y manifiestos recientes. Buenos Aires: La isla de la luna.
– (2019). Un apartamento en Urano. Barcelona: Anagrama.