No hay que hacerse ilusiones, el <<diferendo>> entre filosofía y psicoanálisis es irreductible. Lacan se sabe fatuo: sin su <<nudo-bo>> la filosofía solamente atinaría a irse a pique. El quid de la diferencia se encuentra, sin duda alguna, en la noción de <<inconsciente>>. ¿Es inadmisible para toda filosofía, o sólo para las filosofías de cuño ilustrado o racionalista? La interrogación lleva un dardo envenenado, pues no está nada claro que puedan existir filosofías no racionalistas. A la invención freudiana de lo inconsciente, habrá que añadir el aporte de Lacan, condensado en la noción de <<real>>. Con este vocablo se apunta no al <<más allá>> que sostiene por tradición a los discursos de la filosofía (o a los escenarios de la religión), sino a un siempre no que desautoriza todo más allá devolviéndolo al mundo —sin el cual no sería nada. La filosofía no tiene el talento de recibir al <<advenimiento puro de lo que es>> en cuanto tal. Como en un tic nervioso, comienza y termina subordinándolo al mundo. El <<sentido>> puede ser asignado y la <<verdad>> consiste para ella en la concordancia eterna del ser consigo mismo.

En suma, la filosofía es alérgica al tiempo. Una caracterización acaso en extremo taxativa, aun si no tan alejada de la realidad. De acuerdo, pero la filosofía ya no es la misma que era hasta Hegel. La de hoy es una filosofía herida y renqueante; un pensiero débole, según el cliché posmodernista. Seguramente es algo más y algo distinto de ello. ¿Con quién puede entrar en resonancia la figura del psicoanálisis? Para no perder demasiado tiempo en vereditas, es útil concentrarse en los nombres de Martin Heidegger y de Emmanuel Levinas. Hay un inocultable tufo teológico en sus discursos.

La verdad como donación, el logos como creación, etcétera. Lacan hace sonar la sonaja de lo real en esta atmósfera. No es tan grave este sonido: no es pertinente proponer definiciones positivas. Lo real es umwelt, aquello que no encuentra nunca lugar dentro del mundo. Es, en otro plano, das Unheimliche. Por un juego de espejos, lo real no pertenece al mundo, pero ello implica que el mundo no <<es>>. O, mejor: el mundo es <<imaginario>>, es decir, ilusorio. Las cosas del mundo están giradas, son <<giros>> en el sentido telegráfico de la palabra. No tenemos cosas, tenemos su representación. Más bien dicho: no tenemos contacto con las cosas, porque nos conformamos con su representación. Los signos —y los instrumentos— han devorado sin dejar rastros a las cosas reales.

El mundo es, de esta manera, aquello que aparece en lugar de lo real. ¿De verdad, no quedan ni las migajas? Pues no: las cosas permanecen en su sitio, mas no como objetos de manipulación y usufructo, sino como ocasión de un <<goce>>. El afuera del mundo es el espacio inextenso e intemporal del goce. Este término no queda a resguardo de nuevas confusiones. Lo real, a diferencia del ser de los filósofos <<clásicos>> o, por llamarlos por su nombre, <<metafísicos>>, es lo opuesto de un <<punto arquimédico>>. <<Lo real>>, escribe Alain Juranville, <<es la experiencia del desfallecimiento de la verdad (y del goce) en el punto en que había comenzado a producirse, el suspenso por encima de la grieta y del abismo>> (Lacan y la filosofía,  Nueva Visión,  Buenos Aires, 1994, p. 10).

Hay lo real allí donde la razón desmaya. Donde la conciencia retrocede. Donde la imagen se desdice a sí misma. Donde el símbolo apunta a la nada. Si Freud descubre esta béance del sujeto de la neurosis, Lacan localiza en su <<médula>> el fatum de lo real. Hay en todo esto un riesgo evidente. El <<paso>> que da Lacan amenaza con reintroducir el <<más allá>> que Freud mantuvo trabajosamente a raya. El fundador del psicoanálisis describe a un sujeto hendido sin remedio; el sucesor avizora un <<más allá del Edipo>> que se constituye como el horizonte de lo real —un real nunca dado a la mirada objetivante, sino exclusivamente al <<goce>>. Ese <<paso>> equivale del mismo modo a postular un más allá del inconsciente-efecto-de-la-represión hacia un inconsciente-espacio-de-experimentación. El guiño que el psicoanálisis dirige a la filosofía remite a ese <<más allá>> que aquél se muestra poco hábil en teorizar. Hábil o no, el psicoanálisis freudiano teorizó un más allá del principio del placer, horizonte en el cual Lacan va a toparse con lo real.

¿Quién es más <<racionalista>>? El inconsciente freudiano es más <<débil>>: si su origen es la represión, no es descabellado imaginar que puede eliminársele. ¿Y si es efecto no de la represión, sino del hecho puro y duro de que hablamos? Imposible soñar con deshacernos de él. Más aún: absurdo, pues es sólo en el inconsciente donde los sujetos hablantes se dan el lujo de <<tocar>> lo real. Dentro del mundo no hay goce en absoluto. Hay, eso sí, y a manos llenas, usufructo, explotación, usura. El orden de positividades consagrado por la metafísica, por la técnica, o por eso que Heidegger denomina Gestell, sufre una sorpresiva reversión: lo positivo es el inconsciente, lo negativo es la conciencia. Lo real es el afuera del mundo, lo ilusorio es el mundo (y su <<verdad>>). La <<verdad>> no está del lado del <<significado>> (es decir, del <<sentido>>), sino del <<significante>> (es decir, del sinsentido). A partir de reversión semejante, la complicidad entre filosofía y psicoanálisis parece encontrar sus pendientes comunes. ¿Qué le obsequia una al otro? <<Nuestra intención>>, afirma Juranville, <<es procurar establecer un discurso filosófico que responda a la tesis lacaniana del ser como significante puro, y mostrar también que es verdad total y no simplemente verdad parcial…>> (p. 11). No se aprecia fácil. Tampoco, a mi manera de ver, particularmente pertinente.

No sé, darle un <<discurso filosófico>> al <<significante puro>>, ¿no resulta contradictorio, contraproducente, quizá estéril? Es extraño, por decir lo menos, proponer que lo significante es en sí mismo significante. Es volver a deslizarse a una inmensa tautología: significo lo que significo que significo y solamente significo… No tan distante de un célebre versículo de la Sagrada Biblia. El problema es asaz escurridizo. ¿No se está <<procurando>>, sin proponérselo, reintroducir a lo real —que no es un objeto de conocimiento— en una lengua que le es radicalmente ajena? Si Lacan dice que lo real no se <<piensa>> pero que sí se <<goza>>, ¿tiene caso ofrendarle las (siempre alicaídas) flores de un discurso? Queda la impresión de que a lo real simplemente no se le soporta, y en tal virtud exige del intelectual un esfuerzo por pintarle un rostro <<humano>>. Sospecha que habrá de servirnos de punzón y tubo de oxígeno. No basta con postular que la filosofía es el <<síntoma>> del psicoanálisis y éste lo es a su turno de aquélla. ¿Por ventura será preciso empujar la interrogación <<un paso adelante, dos pasos atrás…>>?