Título del cuento: Habitar el túnel

 

Le traigo unos de elote, señora. Ahorita lavo los baños pero coma poquito. Dijo la doctora que tiene que probar bocado. Ya sé que la enfermedad le quita el hambre y que anda pensando en el señor, pero tiene que comer algo, pa’ que no le suenen las tripas. Abra la boca. Ayer estaba mirando la tele y vi que tienen todo el estado pa’rriba y pa’bajo buscando al señor. Tiene que esperarlo. Ya ve que cuando le encontraron el montonal de pistolas ni hicieron nada. La verdad quería decirle una cosa, lo de su hijo se fue pa’bajo. Me contó mi primo, el Juanillo, que todo iba bien. Habían llegado temprano a Chicali, como a las tres de la mañana. Señora, no me escupa el tamal, no sabe cuánto tardé en prepararlo. Ándele, así. Pues ya le digo que según todo iba perfecto, llegó su conocido en el camión y los dejaron a un lado del túnel luego luego. Estuvieron un rato sin decir nada, puro escuchar a ver si no pasaba un migra o un helicóptero. Los veinte vieron pa’rriba y no había ni luna. El Juanillo entró primero porque ese túnel está hecho pa’ perderse. Y pues que ya iban a la mitad cuando escucharon un montón de patas de perro. Ni ladraban, pero sus hocicos cada vez sonaban más fuerte. El Juanillo empezó a correr pa’ que no lo alcanzaran y en eso todos se fueron separando. La lámpara que llevaba ya ni se ha de haber visto pa’ los de atrás. Dijo que muchos trataron de seguirlo. Pero sonaron disparos, señora. Nadie gritó. Todos iban concentrados a ver si no se perdían en la tierra. Solo se iban apagando las pisadas. Pa’ cuando salió el Juanillo del hoyo ése, nada más quedaban otros cuatro. Alcanzaron subirse al camión. Su hijo no salió del túnel. Tenía que decirle, señora. Lo que no quería hacer fue esto otro. Pero mi primo siempre ha sido bien miedoso, dijo que a lo mejor mandaba alguien a cobrarnos. La verdad es que, aun así, creo que me quedaron buenos los tamales. Además ya estaba bien enferma usted. Perdóneme, señora. Le voy a cerrar los párpados ahorita que acabe de irse.