Des-enlace.

 

Danzamos la danza y sudamos la gota gorda y al final de los días volteamos a los lados para encontrarnos con nosotros mismos. En ocasiones, somos como un gato al acecho de su propia sombra; luego también, podemos perfilar a lo ancho y angosto del entorno, y nos convertimos en linces que merodeamos nuestros alrededores, el objetivo de ver el mundo siempre en la mira, observándonos y observando a los otros como si fueran leves, débiles insectos insertos en la maraña del sistema. ¡Cuán bello sistema que es! Y en verdad que lo es, lo admiro cada vez más. Sus movimientos aparentemente discontinuos, un orden preciso y medido a partir de una serie de acciones que se perciben como contingencias, pero en realidad se trata de confecciones previamente establecidas. Cuando nos robamos a nosotros mismos un poco de tiempo para contemplar el panorama, las cosas nos devuelven la risa, y todos sabemos que la risa es, en toda la inmensidad del cliché, un remedio infalible. La risa es una interrupción corporal, y son importantes las interrupciones, sobre todo cuando estamos en medio del alboroto de la vida cotidiana, ya que a veces es importante rascarse la espalda mientras caminas por un pasillo de alguna mega tienda, a veces es importante maltratar el pan dulce, a veces es importante salir descalzo a la calle y mirar a los pájaros, a veces es muy pero muy importante dejar que el sol entre por la ventana, a veces es importante dejar una huella de tu presencia en la mesa de un restaurante, a veces, muy a veces, es importante sacar la cabeza por la ventana, mientras conduces tu carro, y arrojar un beso a la primer anciana que te encuentres caminando rumbo a la última tienda de abarrotes de la comarca postapocalíptica para comprar sus galletas… ustedes saben, para tomar el café, para charlar la charla sobre la danza danzada en años previos. Lo que nos toca hacer en este mundo preciso y detallado es encontrarnos en los resquicios, verificar la vitalidad de los intersticios, acariciar las imperfecciones aparentes, de manera que pueda relucir nuestra humanidad detrás del lustre, esa humanidad tan humana, tan vil, tan vulgar, tan simple, tan básica, que pulula en todos los rincones de este meticuloso espectáculo. Es ahí donde vemos que estas permutaciones calculadas de tiempos y movimientos conllevan al olvido de los que se quedan en el camino: todos los que en este mundo no gozan del espectáculo, los que de alguna manera, se encuentran tras bambalinas, moviendo los hilos, sosteniendo el escenario. Volteamos a ellos y muy probablemente los tomaremos desapercibidos. No obstante, nuestra mirada es como la de los niños: no da crédito. ¿Cuál es la verdadera realidad?  Los viejos tienen la fortuna de la distancia, pero su cinismo es igualmente anciano, vetusto y pasivo-agresivamente conservador. Nosotros tenemos la fortuna de poder detenernos de vez en cuando y apreciar el panorama. Cuán divino escaparate, se los juro, el de este conglomerado de imágenes sensibles y no tan sensibles, de individuos perdidos en su propia construcción, anonadados por las lucecillas de las ofertas de las comunidades interdependientes del espectáculo integrado. En un futuro, todos nosotros reencarnaremos en un anuncio espectacular. Observaremos a nuestro alrededor, y contemplaremos con nuestras dóciles miradas de delfín en forma de anuncio luminoso el mundo en que perviven y sobreviven las generaciones futuras. Y nuestra risa será una risa más brillante, porque ya hubimos consumado el acto de fusionarnos al dominio de la cultura visual. Seremos logotipo sin deseo anclado, lectores digitales de códigos para registrar la compra de una nada esplendorosa y seductora. Y el destino, el karma de dicha reencarnación, estará íntimamente ligado al tipo de producto en el que te convertirás. ¿Una vida de consumo rápido? Serás pronto una botella de refresco aglomerada en un extenso río de botellas. ¿Una vida desarrollando un discurso moralista a favor de cualquier causa que consideres “digna del valor humano”? Te convertirás en P.S.A. (Public Service Announcement). ¿Una vida sensibilizada a lo que el entorno te ofrece? Vas a ser un enigmática pantalla de LED, que proyecta en una esquina hacia un lote baldío, la promesa de cumplir con el deseo y la aspiración sublime de todos aquellos que en ese nuevo mundo buscan incesantemente un sentido en medio de la terrible y no meditada belleza que los rodea. Nunca hemos sido tan libres. Nunca hemos sido tan oprimidos.