Transmutar

 

Miriam García Aguirre

 

 

Para Arely Brown

 

 

Harina

Un puñito de sal

Polvo de hornear

Bicarbonato

Manteca vegetal

Mantequilla

Agua tibia

 

Frente a la barra de la cocina mezclo los ingredientes. Primero sólidos, después líquidos. Formo un volcán de polvos al que cuidadosamente agrego las grasas y el agua tibia, e integro (el universo) despacio. Según las indicaciones. Sobre la superficie amaso un objeto que precisa fuerza y suavidad. Más agua, más harina. Meto los brazos, toda la piel, el cabello. Comienzo a empujar hasta con el vientre, que parece iniciar un armónico jadeo para formar una masa brillante que entonces cede.

 

Expandida, huelo la sal y la tarde. Recuerdo a la abuela frente al comal, el aroma de los ajos, las cebollas y el tomate hirviendo. La cáscara de naranja, la del pepino. La abuela siempre junto a la estufa. La abuela con su delantal y su infinita labor de los trastes sucios. Recuerdo también el sonido de la espuma de jabón, el de la ventana que daba hacia al patio trasero al abrirse, el sutil crujido de las ramas del árbol de granada cuando soplaba el viento, el murmullo de los pájaros que regresaban mientras el sol empezaba a ocultarse y el timbre de la voz de la abuela llamándome. Siento su mirada de amor como jamás y siempre, el calor de sus manos, mis manos, que amasan y aman.

 

En la textura me descubro cuerpo, danza astral y polvo. Amaso y estoy ahí mismo, dando vueltas en la experiencia de estar siendo, en la tragedia de no entender, siendo la masa, ella, yo, todas ellas. En el aparente dilema de amar y amarme o amasarme y dividirme en pequeñas bolas blancas que saltan hasta la estufa y saben caer sobre el comal para darse vueltas hasta el cocimiento y esperar con alegría la boca de quien las coma. La gratitud de su palabra o el gesto amoroso de su placer. Pero algo se ha roto, algo está incompleto o borrado: hay un ingrediente sin nombre, muy crudo, que aparece sólo al contacto porque encuentro el amor y el dolor unidos en la receta. Y me resisto. Es simple:

 

En el sueño me convertía en masa, era yo misma fraccionándome en bolas, me daba de palos hasta formar la tortilla y saltaba al comal. Vi la boca abrirse, vi la oscuridad que cabe detrás de los labios al cerrarse. Sentí que era mordida, masticada y tragada. Me vi desaparecer siendo alimento. Abrí los ojos en el vacío de la noche y decidí que tenía que separar los ingredientes. Colocar el amor en el amor y el dolor con el dolor. Abrí los ojos y me vi de pie en la cocina, sobre la mesa afilaba despacio las cuchillas.