El café habla

 

Flexioné  los brazos para acercármelo al oído

¿cuál es el sonido del café?

¿cómo platica?

¿qué aúllan sus granos triturados?

a mí me han traído mensajes de edificios grafiteados

puertas embellecidas por el óxido

el murmullo ácido

de la gente que me enterró

sin avisarme de mi propio funeral,

hubo, recuerdo,  café en las despedidas amorosas

en mis alumbramientos a solas.

 

De café se curó mi hambre en Tijuana,

revivo

revivo

a mi padre

tratando de traerlo a su casa en este momento

a él, de piernas hinchadas

hastiado de su dieta  ermitaña;

enflaquecido hasta las costillas pedía

dos tragos de café cada noche

a pesar de sus riñones muertos

negro  -me dijo con los ojos-  así se toma el silencio,

negras fueron mis lágrimas cuando cayó- su- cuerpo- desmayado- ya –no- sintió- frío,

un padre oscuro

y sin café que lo reanimara

para quejarse y extender sus manos infantiles

por un trago más de pecado,  de hartazgo

en un cuerpo molido hasta el polvo.

 

Bebí mi café hasta el final

por no tener de mañana un trago de mezcal

bebí  para acelerar el pulso,

dejar ir de una bofetada

la penitencia de no saber olvidar;

así le escupo  al tiempo

y a toda su mentira

de las reencarnaciones y vueltas triunfales

aquí nos morimos de una vez

bebiendo café o con la boca bien reseca.

 

 

Iliana Hernández Partida