Apuntes sobre Mulholland Drive

Luis Bugarini

 

 

  1. He visto esa película en repetidas ocasiones porque la juzgo inquietante, aunque quizá exagere al hablar de ella como una “suma de Lynch”, ya que él sigue produciendo y éste podría ser un juicio apresurado. Tiene un lenguaje que para quien construye narrativa, esto es, a quien le preocupa el modo de contar historias, le puede resultar aleccionadora.

 

  1. La estructura juega un papel determinante en cómo avanza el motor narrativo de la historia. Detecté —y lo he visto en otros directores que me interesan—, que Lynch ha tenido una asociación afortunada con Angelo Badalamenti, compositor que hace los soundtracks de sus películas. Pienso en la escena que abre el film, aquella del vehículo negro que avanza muy lentamente, momentos antes del choque. Este es un elemento que ayuda a darle a sus filmes una atmósfera siniestra. Descubrí, a la par, que el propio Badalamenti actúa en la película. Es uno de los hermanos Castigliani: el que escupe el café espresso.

 

  1. Hay un obscurecimiento en la escena final y la última palabra es “silencio”, dicha en español.

 

  1. Es difícil resumir Mulholland Drive aunque adivino su forma similar a la de una road movie amnésica, en donde el viaje avanza por azares y actos casuales. Todo es un ir hacia adelante sin saber de dónde nace el sentido de la trama.

 

  1. Recuerdo la escena del vaquero, que no es sino una representación moderna del acto de la iluminación. La aparición del numen. Primero: el ascenso a la colina, que es donde sucede el contacto con la Providencia. Hay un foco que se enciende, cuando habla el vaquero, mismo que se apaga cuando termina. El vaquero habla con un Adam Kesher escéptico, que nos encarna a todos. En un día se convierte en un descastado por oponerse a los intereses empresariales y de grupo. Por ser fiel a un proyecto. Sorprende cómo Lynch puede representar arquetipos mitológicos en un lenguaje moderno.

 

  1. Una frase: “Si obras bien, me verás una vez; si obras mal, me verás dos veces”. Y vuelve a aparecer en la secuencia de la fiesta, al final, que es monstruosa. El asunto con Lynch es que demanda espectadores despiertos, que logren conectar con asuntos que no aparecen en pantalla.

 

  1. Investigué sobre lo que Lynch ha dicho sobre Mulholland Drive. Encontré que jamás ha querido fijar un sentido a la película. Éste asunto de la llave azul, la injerencia de los sueños, etc. Lynch mismo no ha querido dar luz al respecto. Encontré, eso sí, páginas de fans que elaboran las hipótesis más descabelladas sobre el asunto. Esto me parece maravilloso de parte de Lynch.

 

  1. La crítica a la industria de Hollywood es demoledora. La escena de cómo se burlan cuando Betty acude al ensayo, con la presencia de ese director tan falso. Todo plastificado y burlesco.

 

  1. Detecté que la trama policial engarza o desengarza muchos eslabones narrativos, lo que le da interés a la identidad de Diane Selwyn, quien al parecer se dispara en la cama, derivado de una alucinación que tiene de dos viejos…

 

  1. En Inland Empire Lynch radicaliza los procedimientos de Mulholland Drive, respecto a la descomposición de la estructura y el resultado es muy largo, a mi juicio. Se fractura su estética de la conjetura y concluye en un sinsentido. Me pregunto si será posible trasplantar narrativamente una descomposición de estructura, a la manera de Lynch, con la intención de que el lector la arme de nuevo. ¿O terminaría ilegible?

 

  1. Recuerdo en Mulholland Drive, por ejemplo, que llegado cierto momento las protagonistas cambian de peinado y nada más necesita ser dicho. Hay un salto. Imagino que, de ser posible, tendría que ser realizado por un narrador muy diestro, o sonaría a tomadura de pelo.

 

  1. Recuerdo el debate en los años ochenta a partir de Claude Levi Strauss sobre el tabú, en donde la máscara es una representación de un “no-yo” construido. En Mulholland Drive, casualmente, no es una máscara sino una peluca o un nombre inventado. Laura Helena Harring, “Rita”, toma su nombre de un cartel, derivado de su amnesia. Vestirse de un “yo” que no le corresponde y del cual, al final, se apropia.

 

  1. Este es el punto en que el cine de Lynch me seduce, cuando todo parece no tener explicación. En donde los hechos se explican a sí mismos por su sólo transcurrir, dejando abiertas tantas explicaciones. Estamos ante una película del yo, de la identidad.

 

  1. Intuyo que la escena lésbica sale sobrando. Es un distractor en la trama. O quizá no alcanzo a ver si es un recurso que usa Lynch para hablar de la obsesión. Pienso en la secuencia de la fiesta, casi al final de la película. Salen todos, en un carnaval diabólico. Farsa esperpéntica: totalmente onírico.

 

  1. He sido lector de literatura policial de años atrás. Lynch siembra detalles que no siempre tienen un efecto real en la trama. Pienso en la secuencia de Winkie’s. Este sueño dentro del sueño. Otra: el robo del libro por parte de un individuo…

 

  1. Antes mencioné la aparición providencial del vaquero. Recuerdo también a la vecina de Coco, Louise, que se acerca con temor y dice que “alguien está en problemas”. Una suerte de bruja-parca.

 

  1. Sorprende cómo Lynch utiliza figuras míticas en Mulholland Drive. Por supuesto no lo hace de manera distraída. Sólo recuerdo a Theo Angelopoulos, quien también lo hace de maravilla. No hay elementos gratuitos en pantalla. Pienso en el caso de la literatura, en donde hablar de estructuras míticas sigue teniendo vigencia.

 

  1. Y lo cierto es que jamás se clarifica por qué Camilla Rhodes es la elegida por ese grupo de intereses tras la sombra.

 

  1. En la secuencia final, donde suben por un atajo a la fiesta, hay otro ascenso. Con el efecto simbólico de que al subir es posible ver la otra realidad. El conocimiento verdadero.

 

  1. Me inquietó cómo Lynch hace una película de aire policial, no en Nueva York, considerada la ciudad del crimen—Ciudad Gótica, por excelencia—, sino en Los Ángeles. Alterando un falso paradigma. Y asimismo recuerdo la frase de Julio Cortázar respecto a que lo más siniestro sucede a plena luz del día. La noche ya es un lugar común como escenario del horror. Y Lynch lo intenta y triunfa, a mi juicio. Mulholland Drive también funciona como una película sobre los celos, la obsesión, el amor enfermizo, los sueños.

 

  1. Revisé algunas páginas que arrojan teorías sobre la película, que van desde las que afirman que todos están muertos, o que todo es un sueño, o que los hechos transcurren en un pabellón psiquiátrico.

 

  1. La juzgo una película sobre la descomposición mental. Vidas al límite. Todos caminan sobre el filo de la navaja. Son pasiones al máximo. Seres en el acantilado, que no brincan ni rehúsan el salto. Mucho desgaste mental, físico. Que, al final, se resume en el balazo de alguien desesperado. Que concluye o inicia todo, según lo determine el espectador. Pero eso pienso de verla ahora, quizá en seis meses la veré y tendré otra teoría, dada su riqueza.

 

  1. Ahora bien, no es difícil entender cómo es que Lynch conectó tan bien con esta generación de escritores nacidos en los setentas. No es casual que hablemos de Mulholland Drive y no de Gigi o Ben-Hur. Percibo una conexión con la escritura actual. No pienso en todas sus películas. En The straight story o The elephant man no vislumbro este nexo. Pero sí en Eraserhead o en Lost Highway. ¿Lo estaré imaginando? Y también en cómo avanza la narración. El azar como gran dios.