Alejandro Espinoza Galindo. Tentativa de finitud.

Tentativa de finitud.

Por Alejandro Espinoza Galindo

 

Los buenos nunca ganaron. El dique se cuarteó. La bomba será arrojada. El amor fue siempre sueño en vigilia. Lo que pensabas mentira fue mentira. La verdad es escupida en tu cara y no hay nada que puedas hacer. Los malos siempre ganan. La leche sí estaba echada a perder. El incendió consumió todo. La inundación ahogó las casas y las cosas. Las cuentas secretas en los bancos resguardan los sueños fugaces de niños que por hambre no verán la luz del sol el siguiente día. La mordida sí fue venenosa. El café estaba quemado. Todas las acusaciones fueron ciertas. La caricia sí fue falsa. El concurso estaba arreglado. El baúl del tesoro estaba vacío. No sobrevivió ni un árbol. Sí existió algo más ruin que aquello considerado lo más ruin. Las plazas cerraron. Las masas sí serán aniquiladas. Tus seres queridos sí te dieron la espalda. El terremoto desmoronó aquello que concierne a tu vida diaria. Ella/Él sí te engañaron con Él/Ella (o viceversa). Sí hicieron trampa en la partida de póquer. La libido cesó abruptamente. El secreto permaneció secreto, la revelación llevó a otras especulaciones. La fe nunca fue ciega. Los animales nunca fueron domados, las tierras fueron conquistadas. Ayer pasó lo que no querías que pasara hasta mucho después. Los rumores fueron ciertos. La prisa ocasionó el tropiezo. El infarto fue fulminante. Después de la muerte hay una nada más nada que la nada que construyen fútilmente los límites de la imaginación. Los restos sí fueron sepultados. Sí fueron huesos humanos, sí fue cierto el rumor de las vecinas. Los dados estaban cargados, las palabras fingidas, los escándalos inútiles para derribar al sujeto en el poder. Las palabras nunca son las cosas, las cosas nunca son aquello que realmente se nombra. Sí existen las sombras de formas inexistentes, así como gritos dirigidos a nadie. El cuerpo sí fue violado, secuestrado, torturado, maniatado y obligado a decir la mentira que deberá pasar por verdad para beneplácito de la sordidez. Las arrugas llegan cuando menos las esperas, pero llegan, así como los senderos que no llevan a ninguna parte y te dejan vacío y sin rumbo preciso. Los caminos y las opciones nunca son las adecuadas, aquellos pensamientos que guardas en un papelito doblado en tu cartera no te sacarán de pobre y jamás te harían inmortal. Ella sí pecó, él sí te utilizó, ellos siempre estuvieron coludidos en la trampa, todos nosotros somos los cómplices de tu propia desgracia. Así que bebe, come, respira profundamente y sal a las calles, en espera de aquello que jamás llegará.