eSpiral 1 – Estado Benefactor. Concepto, reflejo como política estatal y consecuencias económicas en el sexenio de Luis Echeverría Álvarez. 1970-1976.

Estado Benefactor. Concepto, reflejo como política estatal y consecuencias económicas en el sexenio de Luis Echeverría Álvarez. 1970-1976.

 

Adán González

 

Al escuchar las palabras Estado Benefactor rápidamente me remito a los sexenios de Luís Echeverría y José López Portillo, debido a que sus gobiernos se caracterizaron por esta forma de intervención estatal. A pesar de que en el periodo de López Portillo los egresos fueron  por mucho mayores que en el de su antecesor, es en el lapso echeverrista donde se  lleva a cabo una campaña para reivindicar el nombre del gobernó, debido a la fama que se generó después del movimiento estudiantil de 1968. Para efectos de este trabajo me aboco a hacer una descripción de las bases del modelo estatal y la situación económica de México que va  de 1970 a 1976, para ver por qué se le ha clasificado como un gobierno intervencionista.

Empecemos por describir el modelo de intervención. Como consecuencia de los bruscos cambios sufridos en la sociedad europea de fines del siglo XVIII [1] , el Estado se tomó la tarea de crear instituciones públicas para lograr una mejor calidad de vida en la población.  Las primeras manifestaciones del Estado Benefactor se dieron en la Alemania imperial del canciller Bismark a fines de siglo XIX. Sin embargo, fue hasta la depresión de la Bolsa de  Valores de Nueva York , cuando esta forma de intervención estatal tuvo mayor presencia a nivel internacional y se extendió hasta mediados de la década de los setenta. [2]

            A pesar de esta información ofrecida por Jorge Saborido, no existe un consenso general acerca del origen del Welfare State, como comúnmente también se le llama.  De la misma manera que hay diferentes teorías acerca del origen del Estado Benefactor, existe una diversidad de interpretaciones sobre las características que lo definen. Probablemente, porque este paradigma es una construcción social,  lo que lo hace relativo. Por tal motivo, se hace difícil trabajar con categorías de clasificación específicas. Evidentemente existen algunas características comunes, pero su  origen histórico siempre es particular, debido a las condiciones del país donde se desarrolla.

            No obstante esto, conviene revisar ciertas definiciones básicas dadas por algunos autores sobre el Estado Benefactor. Según Jorge Saborido, a través de este modelo se pretende realizar una redistribución de los bienes del Estado, lo cual se podría lograr por tres diferentes medios. Uno de ellos son las concesiones monetarias directas o indirectas, ya sea a través de las pensiones para los empleados o subsidiando los productos de la canasta básica. Otro medio es proveyendo soluciones a las problemáticas sociales por medio de programas de asistencia. De igual manera, mediante el establecimiento de normas que regulen las condiciones laborales, medioambientales y de servicios. Según Bendrés, los objetivos del modelo, son básicamente tres: ofrecer seguridad social y económica a todos los estratos sociales; crear las condiciones necesarias para eliminar las desigualdades sociales y, finalmente, desarrollar políticas para eliminar la pobreza. [3] Por su parte, Isuani E. A. nos dice que este patrón “consiste en un conjunto de instituciones públicas supuestamente destinadas a elevar la calidad de vida de la fuerza de trabajo o de la población en su conjunto o a reducir las diferencias sociales ocasionadas por el funcionamiento del mercado.” [4]

            Una vez explicado lo que es el Estado Benefactor, según la opinión  de algunos autores, puedo decir que este modelo se trata de una intervención más enérgica del Estado en los asuntos de la economía [5] , con el fin de perfeccionar las condiciones de vida de la población. Asimismo, se busca una mejor redistribución de los bienes, es decir, que los excedentes lleguen a todos los estratos sociales. Esto aunado a las políticas públicas que buscan un proceso de modernización. Por tal motivo se busca lograr, además de un crecimiento, el desarrollo en todos los sentidos. Me refiero al primero en términos cuantitativos y al segundo en cuestiones cualitativas.

            Como había mencionado anteriormente, este modelo es relativo al país que lo adopta y adapta. Es por esto que existen diversos tipos de Welfare State. El primero de ellos se basa en formas liberales, el segundo tiene un enfoque socialdemócrata y, finalmente, el tercero es un modelo intermedio.

            El Estado Benefactor de tipo liberal es mayormente visto en países desarrollados, donde el Estado juega un papel secundario, o complementario podríamos decir, en la resolución de problemas. Este sistema hace acto de presencia cuando algunos de los mecanismos tradicionales fallan o no son suficientes. [6] La forma de intervención estatal busca la subsistencia del pueblo mediante la prestación de determinados servicios. Desde mi punto de vista, este es un tipo de Estado Benefactor muy ligero o light, como comúnmente se dice. Digo esto porque, paradójicamente, en esta variante el “estadocentrismo”, denominado así por Gustavo Emmerich, el gobierno no forma el eje central, a diferencia de los casos de México y América Latina en general. Además porque no es un Estado que intervenga completamente en los asuntos socioeconómicos del país, pero sí busca mejorar la calidad de vida.

En el tipo socialdemócrata [7] , la participación del gobierno en los asuntos socioeconómicos de la nación se hace más marcada; se compromete por medio de la promoción de políticas activas que promueven la igualdad social. Asimismo, este modelo se caracteriza por el alto grado de sindicalización, planificaciones salariales y desbordado gasto público. En  lo que respecta a Latinoamérica, “[…] el Estado adquiría un rol interventor y productor de bienes y servicios mucho más marcado que en los países desarrollados, procurando paliar la debilidad en términos de competencia económica del país local.” [8] Es por esto que clasifico a México durante el sexenio echeverrista dentro de este modelo.

            El tercer tipo son los intermedios, es decir, tienen características de tipo liberal y socialdemócrata. En  este, las instituciones de bienestar social juegan un papel auxiliar de la economía y de la acción del mercado. Se caracteriza por mantener una tasa sindical media, negociaciones laborales centralizadas y desmedido gasto público, entre otras.  Este sistema no está estrechamente relacionado con la redistribución de los excedentes entre los diferentes grupos sociales, sino una mejor repartición de la renta y fomentar el ahorro en las familias. De esta manera busca crear un fondo para cubrir los gastos familiares en caso de accidentes o para financiar las jubilaciones.

            Una vez que hemos visto las definiciones de este modelo estatal, según diferentes autores, demos una somera revisión del sexenio echeverrista para ver por qué lo he clasificado  dentro del Estado Benefactor de tipo socialdemócrata. Paralelamente, veamos la situación económica del país durante este periodo.

 

Periodo presidencial de Luis Echeverría Álvarez (1970-1976). Medidas asistenciales y su reflejo socioeconómico:

 

En 1969, es designado candidato a la presidencia de la República por el PRI y el primero de diciembre de 1970 asume su cargo. Al llegar a la presidencia, Luís Echeverría buscó la manera de diferenciarse  ideológicamente de su antecesor -Díaz Ordaz- procurando presentarse a sí mismo como una alternativa nacionalista que escucharía  todas aquellas demandas de la población, a su vez, fomentaría la intervención estatal en el plano económico, una campaña de legitimación de su imagen.  Este cambio político programado bajo las actividades de dialogo, negociación y autocrítica fue denominado Apertura Democrática [9] . Aun cuando ésta benefició a varios grupos, fue limitada. Incluso se mantuvo una política represiva e intolerante. [10]

            Autodefinido como de izquierda, Echeverría se rodeó de jóvenes, intelectuales, economistas y activistas ligados al movimiento de 1968. En un discurso dirigido el día de la toma de su cargo, dijo que:

“Las necesidades y las esperanzas plantean un reto a los mexicanos de nuestro tiempo. Por la Revolución hemos reafirmado la libertad cuidadana, la paz interior, el crecimiento sostenido, nuestra capacidad de autodeterminación frente al exterior. Sin embargo, subsisten graves carencias e injusticias que pueden poner en peligro nuestras conquistas: la excesiva concentración del ingreso y la marginación de grandes grupos humanos         amenazan la continuidad económica del desarrollo.” [11]

Desde el periodo de Adolfo Ruiz Cortines, el gasto público había sufrido una desaceleración. Sin embargo, la matanza de 1968 presionó al gobierno para que se incrementara el egreso popular, debido a que “vio la necesidad de evitar en el futuro tal concentración de estudiantes en la ciudad de México. Fue así como el régimen del presidente Luis Echeverría (1970-1976) inició la desconcentración en forma decidida a las universidades de los estados de la República.” [12] A pesar de esto, Luis Echeverría inició su periodo presidencial con gran precaución. Los egresos fueron controlados y en 1971 se alcanzó una reducción en la deuda pública.[13] Se inició un control en los egresos, pues se pensaba que “[…] pasando este periodo de ajuste, la economía reiniciaría sobre bases más firmes una nueva y vigorosa etapa de expansión y de incremento de las posibilidades de empleo.” [14]Además, el aumento en la cantidad real de dinero fue frenado. Como consecuencia de estas dos medidas, el crecimiento sufrió una desaceleración. A este lapso se le conoce como “la atonía”. [15]

            El 10 de junio de 1971, se llevó  cabo una manifestación en la Ciudad de México en apoyo a los estudiantes de Monterrey. Éstos fueron recibidos por un grupo paramilitar al servicio del Estado llamado Los Halcones.  “El movimiento estudiantil y la respuesta brutal del gobierno, generaron el temor de que se desatara un conflicto cada vez mayor que llevara a una guerra civil.” [16] El presidente se desligó de los hechos y pidió la renuncia del Jefe del Departamento del Distrito Federal. Por consecuencia, aumentó de forma considerable el gasto público, emitiendo papel moneda sin valor y contrayendo deuda,  esto aunado a la crisis internacional que había sido provocada por la escasez de petróleo.En 1972, los gastos se incrementaron 20% y la cantidad de dinero en circulación un 19.2%. Con ello se dio un crecimiento en el déficit fiscal y de la balanza comercial.

            A partir de su segundo año de gobierno, Luis Echeverría comenzó a dar un giro hacia la izquierda. La nueva orientación política tenía como objetivo lograr una inversión más enérgica en el gasto público para producir los bienes y condiciones de vida que el país necesitaba.

“Esta decisión representó un cambio importante en la filosofía política y económica del gobierno. Se pensaba que si se controlaba una parte importante de la inversión nacional, se hacía propietario de los sectores ‘estratégicos’ de la economía, como la energía, el         acero, las comunicaciones, la banca, etcétera, y regulaba el funcionamiento de los         precios, se tendría un país más próspero, más equitativo y menos vulnerable ante las presiones políticas de los sectores privados, nacionales y extranjeros.” [17] 

            Quienes comulgaban con estas ideas seguramente no tomaban en cuenta los temores del riesgo de provocar una inflación. Suponían que la mayoría de la demanda que generarían provocaría que se utilizaran  los recursos invertidos y, como consecuencia, un aumento en la producción que se igualaría a la demanda.[18]

            En su segundo informe de gobierno Echeverría reconocía la necesidad de recortar el gasto público para no tener las consecuencias de la inflación que se estaba dando a nivel mundial y que, además, teníamos que adoptar una política restrictiva por un tiempo limitado. A pesar de esta decisión, los egresos fueron incrementados en el siguiente año. [19]

            “[…] Con el propósito de compensar el debilitamiento del modelo basado en la sustitución de importaciones propuesto a fines de los cuarenta, a partir de 1970 inició uno nuevo, basado en la amplia intervención del gobierno en los diferentes sectores de la economía […] mediante la creación de empresas paraestatales.” [20]De esta manera se inició una época de generoso gasto público, una creciente estatización de la economía y mayores intentos por distribuir el ingreso. Era muy común escuchar decir al presidente que la participación directa del Estado en la producción haría efectivo el interés general, el control de los energéticos por el Estado racionaliza su producción y que las paraestatales aseguran el buen uso de los recursos naturales y mantienen bajos los precios.

            Tomando como base este pensamiento,  crecieron los gastos. De 1970 a1976, la inversión en el sector público se incrementó de 109.1 millones de pesos en 1970 a 520.2 en 1976. Este se dirigía en parte a las oficinas del gobierno federal. Asimismo, se destinó una parte del presupuesto a la adquisición de empresas privadas pues, según el presidente, “El Gobierno no puede renunciar a su responsabilidad de promover el desarrollo, ni puede tampoco dedicarse a apadrinar errores empresariales.” [21] El hecho de que el gobierno controlara cada vez más la economía dio como resultado que se aumentara el número de empresas del Estado y se establecieran más regularizaciones y trámites.

            Al mismo tiempo, se incrementó la participación a través de acciones en algunas empresas privadas, se destinaron subsidios a los consumidores por medio del establecimiento de más tiendas CONASUPO [22] . En resumen, se crearon instituciones para beneficiar al pueblo. Estas debieron financiar sus egresos por sí solos, sin embargo, no fue así debido al exceso de burocratismo, de control gubernamental o recurrente corrupción. Como era natural, al crearse nuevas instituciones gubernamentales aumentaba el número de personal. Bien sabemos que el hecho de que se aumente el número de burócratas no necesariamente significa que se eleve la calidad de los servicios productivos, es decir, la cantidad no se refleja en la cantidad.

Esto fue eliminado con el nuevo  sistema, por medio  del cual se procura la contratación de empresas privadas para la realización de trabajos que antes  ejecutaba la propia compañía. Con esto se logra la reducción de gastos internos, es decir, las compañías buscan eliminar el mayor número de empleados y contratar empresas privadas para realizar el trabajo, con el fin de reducir los gastos de nómina.

            Como es natural, el derroche en la inversión pública condujo a un déficit cada vez mayor. Una parte de éste fue financiado por la deuda pública interna y externa y otra buena parte por la emisión de billetes que llevó a cabo el banco central. Todo esto dio como resultado una inflación a niveles que nunca antes se habían visto. Esta pasó de 3.4% en 1969 a 17% entre 1973 y 1975.

El Presidente Echeverría nunca aceptó que la inflación hubiera sido provocada por el inmoderado crecimiento del gasto público. Por el contrario, sostuvo una y otra vez que había sido desatada por los poderosos grupos financieros del mundo y que en América Latina se debía a tensiones sociales y a grupos con intereses encontrados, por lo que México la sufrió pues le fue transmitido del exterior. Sólo casi al final del sexenio manifestó que había que moderar el déficit inflacionario, sin embargo, agregó que para no parar los egresos optaba por incrementar los impuestos y contraer deuda pública. “Cuando, eventualmente, se incrementaron los precios y tarifas de esos bienes y servicios los aumentos, además de tardíos, resultaron insuficientes y no respondían a las necesidades de acumulación y expansión de la producción de las empresas que los llevaron a la práctica.” [23]

Como consecuencia de estos procesos inflacionarios, se dio el surgimiento de varios conflictos sindicales [24]  a los cuales el gobierno respondió con la apertura del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (INFONAVIT).

Para contrarrestar la pérdida del poder adquisitivo de los salarios causada por la inflación, el gobierno impuso aumentos de los salarios mínimos, para finalmente cambiar la revisión de éstos a partir del 1º de mayo de 1975. Igualmente se dieron incrementos salariales a la burocracia y a las fuerzas armadas y, en cuanto a los salarios provenientes de los contratos, presionó para que se incrementaran considerablemente.  Todas estas medidas, dada la inflación prevaleciente, condujeron a su vez los precios al alza. En este momento se hizo más notoria la diferencia entre los precios y los salarios.

Hay que reconocer que esta expansión del gasto produjo un considerable crecimiento del PIB, 5.7 % anual en promedio. Ahora bien, una gran parte de la inversión pública se destinó a proyectos no rentables, o en el mejor de los casos rentables a largo plazo, o al pago de subsidios a empresas paraestatales resultantes casi obsoletas. Todo  esto presionaba los costos y los precios al alza y no producía eficientemente bienes y servicios.  El mismo presidente Echeverría afirmó que las utilidades no son un buen criterio para evaluar la eficiencia de las paraestatales.

Por otra parte, la inversión extranjera también se retrajo como consecuencia de la expedición de la Ley para promover la inversión nacional y regular la extranjera que le imponía fuertes limitaciones y una gran serie de trámites.

 La inflación cada vez más alta y la baja en la inversión privada hacían que el país fuera cada vez menos competitivo frente a los productos extranjeros. Para fomentar las exportaciones, el Presidente Echeverría fundó el Instituto Mexicano de Comercio Exterior (IMCE). [25] Posteriormente, con el mismo propósito, estableció los Certificados de Devolución de Impuestos (CEDIS). Con esto se logró el aumento en las exportaciones mexicanas, no obstante, éstas siguieron siendo en su gran mayoría de los sectores  agrícola y minero.  El único gran éxito del gobierno de Echeverría en materia de comercio internacional fue el haber hecho en 1975 que México pasara a ser un exportador de petróleo crudo [26] .

 Al mismo tiempo, las importaciones crecían más rápidamente que las exportaciones como consecuencia de que el gran estímulo a la demanda dado por el gobierno se trasladaba automáticamente a dólares a causa de  que el gobierno se aferraba a la paridad fija del peso. [27] “[…] El establecimiento entonces de un tipo de cambio flexible hubiera permitido superar el esquema cerrado y protegido de la economía y emprender desde entonces un proceso de apertura, competencia y reconversión tecnológica.” [28] 

El déficit de la cuenta corriente y los gastos públicos fueron cubiertos por la deuda externa que pasó de unos 4,262.8 millones de dólares a 19,600.2. [29] Esta medida de financiar el déficit con deuda externa estaba formando cada vez más un círculo vicioso. Se estaba pagando la deuda pública adquiriendo deuda externa, lo cual hacía un mayor déficit en cuenta corriente.  Finalmente, se inició una fuga de capitales, por lo que el presidente Echeverría se vio obligado a anunciar en su último informe de gobierno que después de 21 años de paridad fija, se dejaba en libertad al tipo de cambio. Este había permanecido a 12.5 pesos por dólar, colocándose a 15.69 para 1976 y 22.76 en 1977.

 Con esta medida, según el presidente Echeverría, se buscaba mantener la competitividad de las exportaciones, sin embargo, se hicieron más notorias las pocas desventajas que se obtuvieron con la devaluación. Las consecuencias fueron grandes. La estabilidad en el peso había permitido un relativo control en la inflacion. De igual manera,  estimuló el ahorro y la inversión. La confianza económica que se había depositado en el país después de la Segunda GuerraMundial se fue deteriorando durante el sexenio echeverrista, para quedar casi nula con la devaluación de 1976.

            El periodo de Echeverría se caracterizó, como se ha venido mencionando, por el gasto publico destinado a mejorar las condiciones de vida de la población. Los sectores medios se vieron beneficiados con la campaña para hacer extensiva la educación a todos los sectores analfabetas. Esto llevó al gobierno a duplicar el numero de plantas docentes, destinada la mitad de esta a la educación básica.

            El gobierno federal también incorporó algunos grupos sociales, como había mencionado con anterioridad. “Ciertamente, Echeverría integró jóvenes a su gobierno.” [30]   Unos de los grupos que se integraron al sistema fueron los partidos de oposición, a través de la política de apertura democrática. Los escaños más bajos de la sociedad también se vieron beneficiados con la creación del Instituto Nacional para el Desarrollo de la Comunidad, el cual estaba destinado a la construcción de vivienda. Asimismo, se creó la Comisión para la Regularización de la Tenencia de la Tierra. A través de ésta se podían normalizar los asentamientos irregulares. Finalmente, los sectores medios y bajos de la población se vieron favorecidos por el surgimiento de programas para el control de precios en los alimentos básicos y la venta de otros alimentos a precios moderados. [31]

            Los campesinos se favorecieron con la creación de tiendas rurales administradas por ellos mismos. No obstante, estas no pudieron terminar de crearse antes de 1976 e incluso fue desmantelada parcialmente. Para ellos se creó una Reforma Agraria, buscando el impulso del campo por medio de apoyos a empresas ejidales; creación y expansión de instituciones estatales para la comercialización de productos agropecuarios; aumento de los créditos a los campesinos y el reparto de tierras.

            El último esfuerzo de Luís Echeverría para respaldar a la población  que hasta entonces no se había visto beneficiada por el Estado Benefactor fue la creación del Programa de Solidaridad Social. Éste tenía la finalidad de proporcionar seguridad social a las personas no aseguradas, ya sea de los sectores rurales o urbanos. También se hicieron extensivos los servicios de salud pública, como resultado de las reformas a la Secretaría de Salud y Asistencia (SSA). Aunque a un principio se había establecido la meta de triplicar la cobertura de sus prestaciones en el campo, al final sólo se pudieron hacer importantes mejorías en los servicios de emergencia y de planificación familiar proporcionados gratuitamente a toda la población.

            En medio de una creciente inflación, se anunció la expropiación de cerca de 100,000 has. de tierras de riego en el norte del país que ya habían sido ocupadas por campesinos. El sexenio terminó de una manera muy poco favorable. Por una parte se dio una terrible inflación y por otra se habían generado rumores y una fama no muy buena del presidente.

El gobierno de Echeverría Álvarez no pudo cumplir las promesas de desarrollo económico sostenido y equitativo. Sólo se limitó a establecer barreras arancelarias, evitando el crecimiento de las importaciones, se frenó la tendencia del aumento de los precios y se gastó dinero que no se tenía en inversión pública y beneficio social. [32] Los costos por manejar una política errada fueron muy altos.

Como hemos venido abordando a lo largo de ensayo,             el periodo presidencial de Luis Echeverría se vio caracterizado por una tendencia política hacia Estado Benefactor.  El gasto público se incrementó a tal grado que provocó elevados niveles de déficit. Estos egresos estaban destinados principalmente al establecimiento de programas e instituciones dedicados a mejorar las condiciones de vida de la población. El Estado se convirtió en un gran controlador de la economía y facilitador de los recursos. De igual manera, pudimos ver que durante este sexenio se crearon institutos al servicio de la población, [33]   por lo que al gobierno de Echeverría se le puede catalogar como un Estado benefactor de tipo socialdemócrata.

Sin embargo, debemos cuestionar ¿qué es mejor?, un gobierno que da trabajo a los pobres con la creación de verdaderas fuentes de empleo, o un gobierno que mantiene a los pobres mediante “regalos”. La primera opción es la única forma en que un pobre podría dejar de serlo, mientras que la segunda deja al necesitado imposibilitado para salir de su pobreza, pero con algunas dádivas del gobierno que lo mantienen contento.

Hago referencia a las dádivas o regalos, pues el aumento de los salarios o los subsidios a los productos de la canasta básica no son más que eso, ya que con ello se logra un crecimiento más no un desarrollo, entendiéndose el primero en términos cuantitativos y el segundo refiriéndose a los aspectos cualitativos. Tal vez, desde mi perspectiva, se logra quitar el hambre momentáneamente pero no se logra resolver las verdaderas problemáticas. Las consecuencias directas de estos actos fueron y han sido altos niveles inflacionarios, que vinieron y vienen a redundar en peores situaciones.

 

Adan González C.


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

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[1] Estos cambios fueron provocados principalmente por la Revolución Industrial y la Revolución Francesa.

[2] Aunque es en 1982 cuando en México se da la transición del Estado Benefactor al Neoliberal, es la década de los setenta la que marca el declive de este modelo estatal.

[3] Ver. Bendrés, E. “La redistribución en el Estado de Bienestar: un enfoque contractual” en Ochando Claramunt, C. El Estado de Bienestar. Objetivos, modelos y teorías explicativas. España. Ariel. 1999. p. 55-68.

[4] Isuani, E.A. “Bismarck o Keynes: Quién es el culpable?” en Isuani E.A. et.al. El Estado Benefactor. Un Paradigma en Crisis. Buenos Aires. 1991. p. 10

[5] Esto es en el caso de América Latina, como se verá más adelante. Sin embargo, en este trabajo me aboco a  México donde, por ende, también se caracterizó por esto.

[6] Los mecanismos tradicionales son la familia y el mercado, principalmente. Para beneficiar a la familia, el Estado implementa programas de desarrollo familiar que ayuden a resolver problemas. Algunos de estos programas están relacionados con la planificación familiar, precios en los productos de la canasta básica, entre otros.

[7] También llamado Estado Benefactor de tipo institucional.

[8] Emmerich, Gustavo Ernesto. América Latina: Del Estado Benefactor/Productor al Estado Controlador/Impulsor. Universidad de Buenos Aires. Centro de Estudios Avanzados. Jornadas Internacionales “Estado y Sociedad, Las Nuevas Reglas del Juego”. 1996.  p. 5

[9] La apertura democrática se caracterizó por procurar disminuir la  tensión con los distintos grupos opositores, incluyendo a los participantes del Movimiento del 68. Por lo que el presidente liberó  algunos presos políticos y declaró una amnistía para los que cometieron “delitos políticos”. Además, favoreció la incorporación de algunos disidentes a distintas instancias de gobierno, especialmente las relacionadas con la educación y la cultura.

[10] Como ejemplo de esto tenemos la  intervención en el periódico Excelsior, restricciones a la participación de partidos opositores en los procesos electorales, persecución  violenta  de guerrilleros y la utilización de fuerzas militares para reprimir las invasiones de tierras por parte de los campesinos, durante los tres primeros años del sexenio.

[11] Mensaje a la Nación, pronunciado por el presidente Luis Echeverría. El Gobierno Mexicano. México. 1o. /31 de diciembre de 1970. Presidencia de la República. p. 9

[12] Piñera Ramírez, David. Las Universidades Públicas  Estatales y el Estado Benefactor en México. Historia de la Universidad: Instituciones, Disciplinas, Comunidades Científicas y Sujetos. IV Encuentro Nacional y I Latinoamericano. La Universidad como Objeto de Investigación 2004. Universidad Autónoma de Baja California. México. 2004.

[13] En 1970 había representado el 3.8% del PIB, pasando a 2.5% para 1971.

[14] “Segundo Informe Presidencial”. El Gobierno Mexicano. 1o./30 de septiembre de 1972. p. 13.

[15] Alba, Francisco. Alberto Aziz. el. al. Una Historia Contemporánea de México. Transformaciones y permanencias. México. Océano. 2003. p. 181

[16] Babb, Sarah. Proyecto México: Los economistas del nacionalismo al neoliberalismo. México. Fondo de Cultura Económica. 2003. pág. 156-157.

[17] Alba, Francisco. Alberto Aziz, et. al. . Op. Cit.  p. 238.

[18] Esta idea está basada en la Ley del Say, la cual dice que la oferta crea su propia demanda.

[19] En 1972, los egresos fueron de 148.4 millones de nuevos pesos, y se incrementó a 204.1 millones para 1973.

[20] Ramírez Urquidi, Martín A. “Economía, deuda externa y crisis sexenales”. en Paradigmas. Revista del área Económico administrativo contable. Año 4. Número 16. octubre-diciembre 1996. p. 5

[21] IV informe de gobierno. Presidente Luis Echeverría. Cultura y Ciencia Política A.C.

[22] La Comisión Nacional de Subsistencias Populares se encargaba de la construcción de pequeñas bodegas para el almacenamiento del grano. Asimismo, reglamentaba los precios de los principales productos agrícolas.

[23] Tello, Carlos. La política económica en México. 1970-1976. Ed. Siglo XXI. 4ed. México. 1980. p. 199

[24] Uno de estos fue el que se dio en el sindicato de electricistas.

[25] Con este instituto se logró un progreso en materia de mercado. Este proporcionaba de la preparación de técnicos, subsidios para la participación en ferias internacionales, daba a conocer información de los mercados, entre otras funciones.

[26] México todavía no contaba con la infraestructura necesaria para la refinación de petróleo. Esta se conseguiría tiempo después con el boom petrolero en el periodo del presidente José López Portillo.

[27] Para 1974 y 1975, el presidente expresaba que se mantendría la paridad de 12.50 pesos por dólar. De igual manera, se sostendría el apoyo a la sustitución de importaciones.

[28] Cabrera, Gustavo. Leopoldo Solís. et. al. México entre dos siglos. Población economía política. El Colegio Nacional. México. 1a. ed. 1999. p. 47

[29] Alba Francisco. Alberto Aziz. Op. Cit. p. 602. Estas cifras hacen referencia al inicio y fin del sexenio respectivamente. En 1970, La deuda representaba el 11.9% del PIB, pasando a 35.3% para 1976.

[30] Condés Lara, Enrique.10 de Junio ¡No se Olvida!. BUAP. México. 2001. p. 12

[31] Los alimentos de los que se controló el precio fue la leche, huevo, frijol, tortilla, azúcar y arroz, a través del aumento de la red de tiendas que se incorporaron a la Conasupo.

[32] Solís, Leopoldo, La realidad económica  mexicana: retrovisión  y perspectivas. México. Siglo XXI. pág. 372-373.

[33] Obviamente no están mencionados todos en este escrito.